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	<title>Mondadientes &#187; Perseguida</title>
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	<description>Ficción de sobremesa</description>
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		<title>2 millones de dólares</title>
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		<pubDate>Thu, 25 Jun 2009 02:59:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mundomonda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Perseguida]]></category>

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		<description><![CDATA[Sin los chinos pisandoles las cola ¿Qué será de Flavio y Fernanda Rocher? ¿Podrán retomar su vida tal como la dejaron? Lealo en el último capítulo de &#8220;Perseguida o cómo perdí mi apacible vida&#8220;
por Malva Chacana
Si los últimos días fueron duros, tortuosos físicamente, lo que vino después fue el peor laberinto mental que me ha [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3>Sin los chinos pisandoles las cola ¿Qué será de Flavio y Fernanda Rocher? ¿Podrán retomar su vida tal como la dejaron? Lealo en el último capítulo de &#8220;<a href="http://www.mondadientes.cl/category/mondadientes/perseguida/">Perseguida o cómo perdí mi apacible vida</a>&#8220;</h3>
<p class="MsoNormal">por Malva Chacana</p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX"><img class="alignleft alignnone" style="float: left;" src="http://www.mondadientes.cl/wp-content/uploads/2009/pers11.jpg" alt="" />Si los últimos días fueron duros, tortuosos físicamente, lo que vino después fue el peor laberinto mental que me ha tocado. </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">A las 5 y media de la mañana, cuando aún era de noche llegaron los carabineros. Don Urbistondo no pudo aguantarse con el muerto en el bote y fue a contarles la historia. Por supuesto el viejo no cachó nada y estaba aterrorizado con estos santiaguinos fatales que tenía metidos en su casa. </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Con los chinos ya muertos decidimos que nada perdíamos contándole toda la historia a la policía, de alguna forma teníamos que justificar nuestra presencia en este baño de sangre. Nos sentamos en la mesita junto a la estufa a leña de la casa de don Urbistondo que a ratos hacía pasar una calabaza con un mate tan amargo y caliente que se me contraía la cara cada vez que chupaba la bombilla. </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Le contamos a los pacos primero y a los detectives que llegaron dos horas después, toda la historia, desde cómo nos conocimos, los mails de Fernando que me llegaban a mi por casualidad, del general iraquí y la estafa del hongkonés, las amenazas, la huida de Santiago y todas la peripecias que habíamos pasado a medida que subíamos desde Magallanes hasta encontrarnos chapoteando en sangre en esta isla perdida en la digresión territorial al sur del Golfo de Penas. Les contamos de los friendship, solo para que nos miraran encima de sus libretas y sonrieran, pensando que estábamos ocultando algo bajo esta historia fantástica.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- Créame que si estuviera ocultando algo, lo que menos le diría es que nos ayudaron misioneros supermodelos del espacio exterior. A mí también me parece ridículo y probablemente hay una explicación perfectamente plausible para la presencia de estas personas en la isla de los Ruiz Alvarado y la advertencia que nos hicieron en Puyuhapi, yo solo le estoy contando lo que sé.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- Ajá –Decía el detective que había dejado de tomar nota y nos miraba.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Cuando llegamos a la parte de Puyuhuapi y de la traición del Nacho, don Urbistondo lanzó un gruñido, ya no tenía sentido mantenerlo convencido de que éramos amigos del argentino. Mientras Flavio seguía declarando yo le pedía disculpas. Igual se fue preso un rato el viejo por cargarse a los chinos, pero salió a la semana, cuando se demostró que su acción nos salvó la vida.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">El fiscal y el juez nos retaron por no acudir a la justicia antes. La investigación fue develando toda una parte de la historia que nunca nos imaginamos: George Hui Tsai, el hongkonés que había iniciado la estafa para apropiarse de la cuenta del tío iraquí muerto de Flavio, había sido asesinado en prisión hace más de un mes. Un banco más grande había tomado control de su corporación y en la auditoría había descubierto su negocio paralelo de extorsión. En la cárcel lo mató la mafia a la que debía dinero por sus favores, entre ellos el servicio de personal extra continental como los sicarios Hans Chaug y Mei el suche, que, desde que Hui Tsai salió del mapa corrían con colores propios, supuestamente. Por lo tanto, muertos ellos nadie nos perseguía. </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Lo primero que hice al enterarme de eso fue llamar a mi vieja, como no la ubiqué en su casa llamé a mi hermana que gritó cuando escuchó mi voz y empezó a increparme por desalmada, que a mi mamita le había dado un infarto que estaba hospitalizada hacía varias semanas, que un chino chico y flaco (Mei probablemente) había estado siguiéndola, esperando a sus niños afuera del colegio para preguntarles por mí, que estaban cagados de susto, que habían puesto alarma y que les había salido recaro así que le debía más de un millón de pesos entre eso y la enfermedad de mi mamá. No me dejó hablar mucho, dar explicaciones o decirle que casi me muero varias veces. Llamé a mi vieja al hospital y nos pusimos a llorar las dos. Ella pensó que había muerto, estaba tan asustada, angustiada y desesperada por no saber de mi paradero, porque había desaparecido así. Alguien había entrado a su casa y se habían llevado solo mi agenda, la que le dije que sacara de mi departamento. La pobre vieja hipaba, le dije que pronto la iba a abrazar, que estaba en Chiloé (una mentira para no enredarla con una explicación más precisa). Y ahí dejé a mi pobre vieja, tan buena, cartucha y buena. </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Mientras todo esto pasaba nos quedamos en una pensión en el pueblo de Melinka, dos piezas en el segundo piso de una casona antigua de tablones, un incendio en ciernes: antigua, seca, llena de estufas a leña, braseros y salamandras para las piezas ocupadas por trabajadores de las salmoneras, gente<span> </span>húmeda, conversadora y alcoholizada, campesinos de distintas procedencias, la mayoría chilotes reconvertidos a obreros industriales. Casi todos hombres de overol. Nos dieron piezas separadas y una llave para el baño que compartíamos con cuatro tipos que tenían pésima puntería para mear y que dejaban medio pelambre en cada ducha, un asco pero ya empezaba a curtirme en asquerosidades, después de los ratones y la lona podrida del Zodiac. No podía sacarme el episodio de la cabeza, los olores, la maldita desesperación de la mordaza, de las manos inmóviles amarradas a la espalad. El dolor en las costillas persistía, no estaban fracturadas pero si “traccionadas” me dijo el doc, debido a la posición, y las muñecas aun estaban moradas y heridas por la fricción de las cuerdas mojadas.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX"><img class="alignright alignnone" style="float: right;" src="http://www.mondadientes.cl/wp-content/uploads/2009/perseg11.jpg" alt="" />A pesar de todo comencé a relajarme poco a poco, con Flavio nos quedábamos largas horas conversando cajas de Gato Negro que era lo mejorcito que se podía conseguir mientras esperábamos que la policía nos diera el salvoconducto para irnos. </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Pasaron más de quince días antes de abordar una pequeña avioneta en el aeródromo de Melinka, nada glamoroso como un aeropuerto, nada de maletitas con ruedas, boarding passes, azafatas o climatización, era apenas poco más que un terminal de buses y la avioneta poco más que una micro. El verano había pasado y el otoño estaba bastante avanzado, los árboles se veían rojos y amarillos bajo las ruedas del biplano. Con el corazón en la mano por encumbrarme bajo ese cielo borrascoso en esa pequeña cafetera, fuimos dejando atrás la paranoia, los cuerpos en descomposición de los chinos, las horas de navegaciones inciertas y los oscuros personajes que para bien o para mal se cruzaron en nuestro camino. </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Cuando el avión comenzaba a descender Flavio dijo:</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- Aun tengo más millones de los que puedo gastar en la vida. Me gustaría darte una parte, había pensado en dos millones de dólares. No puedo hacer menos, si no fuera por ti probablemente había dejado los huesos en una isla perdida por ahí, además me ayudarás a sacarme de la conciencia la culpa que siento por hacerte pasar por todo esto.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- No tienes que darme nada. Toco fue una desafortunada e inconveniente coincidencia. </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- Creo que después de todo, este dinero es tan mío como tuyo, te lo mereces. ¡Vamos! ¿Quién no querría ganarse un premio como este? Puedes hacer lo quieres, cambiar tu vida y la de tu familia. </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- Has lo que quieras Flavio. Por ahora solo quiero llegar a mi casa.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Eso es lo que dije pero en el fondo me inquietaba qué sería de mí encerrada en ese pequeño departamento, de vuelta a la rutina, incapaz de distinguir un día de otro, retomar los viernes de happy hour con las chiquillas a hablar de pequeñeces, copuchas insignificantes. No me sentía capaz de enrielarme en esa vida nuevamente. Me sentiría atrapada, quizás más perseguida aun que con los chinos pisándome los talones.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">La avioneta aterrizó en Castro a última hora de la tarde mientras el sol aparecía en el horizonte por primera vez ese día, amarillo y suave, tiñendo las islas y la metálica superficie del mar con un brillo de oro naranjo. </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Desde Coyahique que no estaba en una ciudad grande, con todos los servicios, farmacias, supermercados y graficas familiares. Le pedimos a un taxista que nos llevara al mejor hotel de la ciudad. No teníamos planes fijos, solo queríamos descansar y consentirnos un poco. Nos dejó en un hotel nuevito, todo orgánico y progre, especialmente pensado para gringos. Pedimos las dos mejores habitaciones que estaban en el cuarto piso una junto a la otra y se comunicaban por una puerta doble en el baño. Pedimos comida y vino a la habitación y cenamos en bata en su pieza.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Estábamos descorchando la tercera botella de vino emergente cuando Flavio me tomó de la cintura para lanzarme suavemente sobre la cama y antes de que alcanzara a soltar el sacacorchos, me dio un beso. Y otro más, me besó el cuello, las orejas, fue corriendo la bata mientras bajaba la velocidad para ir descendiendo por mi hombro. Le seguí la corriente porque era muy rico, tenía los labios como helados, frescos, y me tenía tomada firme de las caderas. Era una escena irreal y yo era la protagonista, pero como que no me convencía de lo que estaba pasando hasta que la cosa se puso seria: se abrió la bata y lo vi. El pijecito medio calvo tenía la media verga, probablemente aporte de su sangre paisana, era un garrote ancho, largo y perfectamente parado. Lo había tenido al lado todo ese tiempo y me lo había perdido, es el desastre de los prejuicios de clase, me convencí finalmente. Y el loco no se quedaba quieto: en poco rato tenía la nariz metida en mi entrepierna, me lamía con pericia y ya no quise resistirme. </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Nos quedamos otra semana en Castro puro perdiendo el tiempo, tirando, comiendo, tomando. Gracias a la cuenta <em>primium</em> cortesía del difunto Hui Tsai, Flavio me traspasó los dos millones de dólares prometidos, en total más de mil millones de pesos para mi solita.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">El sexo era increíble, muy bueno, insuperable. A cualquier hora me tomaba, me llevaba a su pieza, me desvestía y recorría mi cuerpo hasta convencérmelo. No sé cuantas veces nos revolcamos ni cuantas piruetas hicimos, creo que inventamos varias nuevas. Nos entendimos perfectamente, fue el corolario perfecto, la paranoia poco a poco fe abandonando mi cuerpo, sudé todo el miedo y las inseguridades que me quedaban. Una tarde estábamos disfrutando de la tremenda vista al mar de mi pieza, en pelotas, enredados tomándonos una cerveza importada escarchada directa del frigobar y me salió con que quería que nos fuéramos a vivir juntos.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- Podemos irnos a donde tú quieras, no tiene para que ser Santiago, podría ser Buenos Aires, México ¿Qué país te gusta?</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- ¿No crees que te estás apresurando un poco?</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- ¿Esto te parece apresurado? Levamos cuatro meses de aventura en que no nos hemos separado ni un<span> </span>minuto, hemos estado al borde de la muerte ¡Te salvé la vida dos veces o más! ¡Estuvimos en una isla desierta! Hay gente que lleva toda una vida juntos y no puede contar la mitad de las aventuras que nosotros acumulamos en este poco tiempo.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- Lo siento Flavio pero ¿Tú realmente crees que lejos de este paisaje marino tenemos algún futuro? ¿Te imaginas vivir conmigo, conocer a mi familia, al tarado de mi cuñado verme llegar todos los días del gimnasio, conocer a mis compañeras de colegio? Yo no me veo saliendo con tus amigos universitarios, conociendo a tu ex, conocer a tus tías, abuela y familia, hacer vida de pololos… ¿nosotros? No me parece. Creo que no es buena idea. Mejor dejémoslo aquí, alarguemos este tiempo lo más posible y después tomemos cada uno su rumbo.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">No me lo aceptó. No quería, quería que nos fuéramos juntos, que hiciéramos vida normal, lejos de todo, que pasáramos la vida encerrados en la pieza, pero no creo que hubiese podido. ¿Casarme con este tipo y retomar la calma de una vidita burguesa multimillonaria? ¡Qué lata! Ahí mismo decidí que con mis millones me buscaría alguna ocupación riesgosa, quizás invertiría en buscar el tesoro de Juan Fernández o me compraría una alcaldía, hacer un pueblito a mi pinta, como Cardoen… armas, también es un negocio que podría hacerme viajar y jamás me haría salir para atrás. Algún proyecto excitante, más excitante que vivir a costillas de este niñito bien.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">En mi mente me veía como Lara Croft, regia, armada, millonaria, aventurera y peligrosa recorriendo el mundo en busca de los misterios más jugosos, haciéndole el quite al peligro.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Al día siguiente se había ido, tomó sus cosas y se chequeó de madrugada. Yo me quedé unos días más decidiendo mis próximos pasos. Volví a Santiago a ver a mi vieja, la aseguré hasta la muerte, le compré la casota que siempre había querido y otra al lado para mi hermana para que la cuidara. A pesar de que la muy yegua me estaba puro odiando, ante las 6 habitaciones y 5 baños no se pudo negar. Vendí todas mis cosas y me fui, supongo que me acostumbré a vivir en la ruta, a la deriva, a despertar cada día para decidir qué sería de mí, no solo me acostumbré sino que me gustó, echaré de menos a Flavio, mi partner, pero quien sabe, en una de esas lo vuelvo a encontrar y se quiere subir a mi carro, tengo su mail, quizás le escriba.</span></p>
<h1 style="text-align: center;">FIN</h1>
<h3><span></p>
<h3><span style="color: #000080;">Todos los capítulos de &#8220;<a href="http://www.mondadientes.cl/category/perseguida/">Perseguida</a>&#8220;</span></h3>
<h3><a href="http://www.mondadientes.cl/un-mail-inconveniente/"><span style="color: #000080;">1. Un mail inconveniente</span></a></h3>
<h3><a href="http://www.mondadientes.cl/el-pije/">2. El Pije</a></h3>
<h3><a href="http://www.mondadientes.cl/la-huida/">3. La Huída</a></h3>
<h3><a href="http://www.mondadientes.cl/a-la-deriva/">4. A la Deriva</a></h3>
<h3><a href="http://www.mondadientes.cl/laguna-azul/">5. Laguna Azul</a></h3>
<h3><a href="http://www.mondadientes.cl/al-natural/">6. Al Natural</a></h3>
<h3><a href="http://www.mondadientes.cl/friendship/">7. Friendship</a></h3>
<h3><a href="http://www.mondadientes.cl/alejandrina/">8. Alejandrina</a></h3>
<h3><a href="http://www.mondadientes.cl/el-mar-esta-echado/">9. El mar está echado</a></h3>
<h3><a href="http://www.mondadientes.cl/atada/">10. Atada</a></h3>
<h3><a href="http://www.mondadientes.cl/2-millones-de-dolares/">11. 2 millones de dólares</a></h3>
<p></span></h3>
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		<title>Atada</title>
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		<pubDate>Sat, 30 May 2009 16:06:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mundomonda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Perseguida]]></category>

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		<description><![CDATA[Flavia y Fernando no pueden confiar en quienes se le cruzan en el camino, menos ahora que el circulo se estrecha en torno a ellos en el 10° capítulo de &#8220;Perseguida&#8220;
Por Malva Chacana

El Nacho desaceleró la lancha para apuntar a la cabeza de Flavio y obligarlo a amarrarme las manos en la espalda, después lo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3>Flavia y Fernando no pueden confiar en quienes se le cruzan en el camino, menos ahora que el circulo se estrecha en torno a ellos en el 10° capítulo de &#8220;<a href="http://www.mondadientes.cl/category/mondadientes/perseguida/">Perseguida</a>&#8220;</h3>
<p style="text-align: right;"><strong><em>Por Malva Chacana</em></strong></p>
<p class="MsoNormal"><img class="alignleft alignnone" style="float: left;" src="http://www.mondadientes.cl/wp-content/uploads/2009/per10.jpg" alt="" /></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">El Nacho desaceleró la lancha para apuntar a la cabeza de Flavio y obligarlo a amarrarme las manos en la espalda, después lo amarró a él y nos ató los pies a los dos.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- No se lo tomen a mal chicos. Ustedes me caen re bien, pero el chino ese me ofreció cinco millones por llevarlos donde él y bueno, ustedes saben, la cosa está mala, tengo que pensar en mi futuro, no tengo fondos de pensión ni nada por el estilo.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- Yo te puedo pagar más que el chino si no nos entregas. –Le dijo Flavio- tengo miles de millones, por eso andan detrás mío, te doi 10. En efectivo.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Nacho lo miró con una ceja levantada y volvió al timón. El canal Moraleda se había engrifado y saltábamos como si estuviéramos en el Tagadá sin poder afirmarnos. Se me vino a la mente una vez que me llevaron en cana, debo haber tenido 16 o 17 y nos pillaron tomando vino en la plaza cerca de la casa de la Muriel, una amiga bien loca del colegio, nos subieron a la cuca y se fueron por Vespucio a todo chancho, era como ir en una batidora, cuando nos sacaron estábamos mucho mas borrachas que cuando nos encontraron.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">En un par de horas habíamos llegado a Melinka, no se acercó al embarcadero principal en el que se veía movimiento de lanchas y gente, en vez de ello se dio una vuelta por la bahía y rodeando la isla buscó una playa donde detenerse. Aparte de unas casuchas humeantes en los cerros no se veía movimiento de gente cerca. Amarró la lancha a una roca y se volvió a subir, se sentó junto a nosotros y nos miró sonriendo durante algunos minutos.<span> </span>Su sonrisa me hizo pensar en los frienship “</span>Tengan cuidado en quien confían”.</p>
<p class="MsoNormal">Sacó un pan del cooler y nos dio un par de mordidas, se lo hubiese escupido en la cara pero estaba cagada de hambre y de verdad que estaban ricos. Mientras masticábamos comenzó a revelar sus planes.</p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- Bueno che, ¿Cómo es eso de los 10 millones? Porque el chino los tenía, los vi. ¿Qué tenés que hacer tú para pasarme la guita?</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- Solo tienes que desamarrarme y te los doy. Si quieres 10 por cada uno, tendrás que llevarnos a un banco para que retire el resto.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- Mirá que saliste listo, con esa cara quien hubiera pensado. Ya que estás tan hábil, ¿qué hacemos con los chinos?</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">-¡Diles que nos arrancamos!</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- Si claro. –Sonrió.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Se puso a trajinar la lancha y sacó una lona engomada. Apretó las amarras que nos sostenían y nos amarró cada uno a un baúl que a su vez estaba amarrado al bote, nos aseguró las mordazas, nos cubrió y se fue. El olor debajo de la carpa era insoportable, como a pescado podrido, a agua estancada, algo así. Intenté quejarme y gritar pero fue demasiado rápido. Nos dejó así y se fue caminando por la playa, pude escuchar cuando saltó del bote y sus pisadas en la arena gruesa de la playa.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">No sé cuánto tiempo pasó, incluso puede que me haya desmayado un poco, estaba tan desesperada con el olor, la sensación de las cuerdas ásperas y mojadas que comprimían mi piel y la desgarraban ante cualquier movimiento y la mordaza que olía a bencina o pintura que creo que hiperventilé un poco y pasé un tiempo inconsciente. Cuando me desperté tenía la cabeza colgando y el cuello acalambrado, estaba mareada, me latían las sienes y sentía puntadas en los ojos. No me sentía bien ni para desesperarme, vomité un poco y me lo tragué de vuelta, fue horrible, lo más asqueroso que me ha pasado en años y un escalofrío me recorrió de arriba abajo. Decidí dormitar, me dejé caer en la inconsciencia podríamos decir, o así se sintió.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Estaba casi oscuro y el aire bajo la carpa insoportable, cuando sentí pasos en la playa nuevamente. Nacho sacó la carpa de un tirón y un aire helado me despertó completamente, fue como tirarse al agua, Flavio estaba frente a mí, pálido y con cara de desesperado. Nos sacó las mordazas y nos enchufó un Manqueque a cada uno, después sostuvo una caja de jugo con bombilla para que bebiéramos.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- Para que vean que no soy un monstruo. Ahora que están más repuestos les explico cómo va la cosa. Le dije al chino que Flavio se me había escapado pero que tenía a la mina, ya tengo dos millones aquí en el bolsillo, cuando la entregue me pasará el resto. Tu Flavio te vas a quedar aquí, supongo que tienes el dinero encima o en tu mochila, de ahí me lo vas a pasar. Mañana vamos a ir al banco y me pasas el resto, a ver qué tantos miles son esos que tienes.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- El trato es por los dos, nos liberas a los dos o no transamos. </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- Claro, podría ser, pero no estás en muy buena posición para negociar ¿cierto? ¡Silencio!</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Sentimos unos pasos suaves que se acercaban por la playa.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- Callados o los machuco.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Nos metió la mordaza en la boca y nos cubrió con la lona infesta que igual me vino bien porque estaba tiritando de frío, no podía sentir mis pies, mis manos ni mi nariz. Se movió por el bote buscando la linterna y pasó a pisar la lona, eso descubrió por lo menos uno de mis ojos y pude ver bajo el haz de la linterna los ojos rajados y la piel amarillenta de Hans Chaug, el chino del bus, de natales y la hostería, detrás de él venía el último chino, el de Coyahique, que así junto a Chaug se notaba que era más joven y sus ojos aun más cerrados. Aguanté un poco la respiración para que ni siquiera notara que estaba ahí, aun no tenía muy claro que era menos malo, si estar en las manos del Nacho o de los chinos.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- La chica, señol Dieguez.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- Aquí la tengo señor Chaug, vivita y coleando, tal como me la pidió. ¿La van a usar para atraer al otro?</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- Eso no le importa a usted señor Dieguez.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- Bueno ¿Y la guita?</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">El chino dejó caer un fajo en la arena entre los dos. Nacho me desamarró cuidando de no destapar a Flavio, me tomó de las manos atadas a la espada y del pantalón, jamás me había dolido algo tanto como me dolieron las muñecas en ese momento, fue como si me trituraran los huesos de la muñeca, me dejó en el suelo de rodillas, pero no pude mantener el equilibrio y caí de hocico a la arena pedregosa y fría, trate de gritar, pero entre la mordaza y la arena que se metía por mi nariz fue imposible. Era de noche y una leve llovizna opacaba el haz de luz de la linterna del Nacho.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- No era necesario que me siguiera hasta aquí, se las iba a llevar a donde habíamos quedado. -Dijo eso mientras se agachaba a recoger el dinero, pero la respuesta fue una bala directo al cráneo que le voló la mitad de la cabeza. No hizo ningún ruido, quedó como suspendido con los brazos colgándole de los hombros y cayó junto a mí, casi encima, su rostro tan cerca que podía sentir el calor que se escapaba del enorme boquete escarlata en su coronilla. Un chorro de sangre había salpicado sobre mi cara, finalmente petrificada de miedo, un solo pensamiento se encendía intermitentemente en mi propia cabeza: que no encontraran a Flavio. Por él mismo y para que yo no perdiera la utilidad para estos chinos de mierda, era también el ticket a los más horrorosas torturas, según lo que Chaug me había advertido la primera vez que hablamos en Puerto Natales hacía casi dos meses atrás.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">El chino suche tiró el cuerpo del Nacho arriba del zodiac, lo desamarró tras una orden en lenguas de Chaug y lo empujó mar adentro. Pronto se perdió en la negrura. A mi me desamarraron los pies y me pusieron de pie con rudeza, apenas podía poner una zapatilla frente a la otra, mi cabeza daba vueltas y creo que me desmayé otro par de veces, estaba todo tan negro alrededor que no podría hacer la diferencia.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Me llevaron a una cabaña de una pieza con unos tambores de petróleo y un par de sillas entre fierros como partes de un motor o algo así. Me soltaron las manos y me sacaron la mordaza. Hans Chaug se sentó frente a mí. </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- ¿Mejor?</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">-Algo. ¿Por qué me persigue ah? Yo no he hecho nada. –Quería sonar enfática pero estaba abatida, peleaba por reflejo porque en realidad ya me había entregado a mi suerte, estaba a punto de desprenderme de mi cuerpo e irme a mi lugar feliz.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- No sea tonta, o más bien, no se haga la tonta. Ahora, dígame donde está Flavio.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- Oiga ya pare, si sabe que la plata está programada para transferirse a Hong Kong, en poco tiempo va a estar todo en la cuenta de su jefe.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- Debe estar medio confundida usted, la vamos a dejar aquí para que pase la noche, mañana con el día le recomiendo que haya recapacitado y recuerde donde está su socio.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX"><span> </span>Mientras decía esto el chino suche, que no había abierto la boca me ató a la silla, mucho más rápido, apretado e imposible de soltar que el Nacho, apagaron la luz y se fueron. Tenía la boca destapada pero no me salía la voz, apenas un hilito, mis costillas estaban tan lastimadas después de tanto tiempo con las manos atrás y me dolía hasta respirar. Me estaba escabullendo a la inconsciencia cuando sentí una carrerilla, algo andaba ahí. Otra carrerilla y un chillido, muchas carrerillas simultaneas… ¡Eran ratones! </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX"><img class="alignright alignnone" style="float: right;" src="http://www.mondadientes.cl/wp-content/uploads/2009/per10I.JPG" alt="" />Miles, muchos ratones que empezaban a salir de quien sabe dónde y circulaban entre mis pies y por toda la casucha, ahí me salió la voz y me puse a gritar, eso pareció alejarlos de mi por un momento pero al rato se acostumbraron a mis berridos y pasaban sobre mí como un obstáculo más o se paraban en mis rodillas como si fueran un mirador. No soy capaz de describir el asco y el terror que esas patitas heladas duras y leves me hicieron sentir, el roce de esos bigotes ásperos y solo imaginarme las bacterias, el hanta virus, las cacas y que me iban a comer viva como en una película horrorosa que no me dejaban ver cuando chica, una donde caía una cascada de lauchas por una escalera. Grité y me sacudí pero ninguna amarra cedió ni medio milímetro, el chino condenado me había amortajado como una momia. Escuchaba mi corazón bombeando a rabear y no lograba pensar, tenía la boca amarga y cada segundo era más insoportable que el anterior, quería morir de pánico. Era tanta mi desesperación que no escuché un golpeteo en una minúscula y sucia ventanita a mis espaldas. Logré serenarme lo suficiente como para controlar la silla pegada a mi poto y darme vueltas, ahí estaba Flavio, podía reconocer su casi calva iluminada por la luna, era como si una lámpara se hubiese encendido en la pequeña bodega. Pero los ratones seguían usándome de alfombra y no pude para de gritar, entre alaridos le dije que estaba sola ayúdame, ayúdame.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Entró sin encender la luz, los ratones corrieron entre sus pies, traía su cuchillo en la mano, zapateó para espantar a los ratones y a los rezagados los pateó para afuera, cortó mis amarras y me levantó, creo que me desplomé en sus brazos y me puse a llorar. </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- ¿Ve Mei? Los tenemos a los dos sin gastar un solo peso.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Hans Chaug había encendido la luz y nos apuntaba desde su cintura con una pistola, detrás de él, Mei, el suche, también. En sus caras se dibujaban horribles sonrisas.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- Al fin Flavio. Se acabaron las indulgencias y los porfavores, aquí tengo un computador e internet, me traspasa ahora mismo la totalidad de ese dinero, sin más dilaciones.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- ¡Es imposible! No me permite el banco mover esas cantidades por eso las transferencias parciales&#8230; ¡Entienda!</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- Eso ya lo arregló el señor Hui Tsai, ahora usted tiene una cuenta Premium que le permite hacer cualquier transacción, aquí están su dispositivo generador de códigos. ¡Jajaja! Nuestro banco tiene el mejor servicio de todos.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Flavio me tenía rodeada con sus brazos y me apartaba levemente hacia atrás, yo flotaba como en un sueño donde la protagonista no era yo, todo ocurría como en una película, como si estuviera al borde de una pálida. Hui Tsai le alcanzó un maletín sin dejar de apuntarlo a la cara.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- No va a ser necesario Chaug. –Respondió mi pijecito.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Sonaron dos disparos estruendosos que removieron cada clavo de la casucha e hicieron vibrar los tambores de petróleo. Los pocos ratones que quedaban abandonaron a toda carrera antes de que los cuerpos de los chinos tocaran el suelo. Un hombre bajo de jeans aceitosos, botas de goma y manta de lana sostenía una pistola con ambas manos delante de su cara.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">El Flavio me había tirado a un rincón y me cubría con su cuerpo. Me abrazó mientras besaba mi cabeza y me decía.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- Ya pasó, tranquila, ya pasó, ya pasó.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Me puse a llorar como una cabra chica, con hipos, sollozos, gritos, arcadas, baboseando y lagrimeando.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">El hombre nos daba la espalda y cuidaba la puerta con la pistola en la mano mientras Flavio me explicaba algunas cosas en voz alta y otras en susurros al oído.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- ¡Es el mecánico del Nacho, el que le iba a arreglar ese motor, vio pasar el zodiac en la tarde y vino a ver en que andaba! ¡Él nos encontró a la deriva, el piso del bote se llenó de sangre Fernanda, y el olor, no te imaginas el olor de la sangre mezclado con la fetidez de la lona! (Le pagué y cree que éramos amigos del Nacho, hay que hablar bien del, más ahora que está muerto por culpa de este entuerto). Tranquila mi niña, tranquila, aquí don Urbistondo nos va a ayudar, tranquila ya pasó.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Pero esa noche no pude parar de llorar, ni cuando Urbistondo nos llevó a su casa, ni con la cazuela de luche y cordero, ni cuando nos acostamos juntos en una cama improvisada en un sillón, ni con el abrazo apretado de Flavio que me envolvió toda la noche.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX"> </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Continuará…</span></p>
<p class="MsoNormal">
<h3><span></p>
<h3><span style="color: #000080;">Todos los capítulos de &#8220;<a href="http://www.mondadientes.cl/category/perseguida/">Perseguida</a>&#8220;</span></h3>
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		</item>
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		<title>El mar está echado</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Apr 2009 22:20:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mundomonda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Perseguida]]></category>

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		<description><![CDATA[Los millones del general iraquí que llegaron por azar a manos de Flavio atraen enemigos como moscas. Ya no pueden confiar en nadie&#8230; de esta tierra. En el 9° capítulo de &#8220;Perseguida&#8220;
Por Malva Chacana
Fotos: Francisco Pardo y Cristián Piwonka
Fueron tensos minutos antes de que partiera la Alejandrina. Nos habíamos subido cuando aún faltaba media hora [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h3>Los millones del general iraquí que llegaron por azar a manos de Flavio atraen enemigos como moscas. Ya no pueden confiar en nadie&#8230; de esta tierra. En el 9° capítulo de &#8220;<a href="http://www.mondadientes.cl/category/mondadientes/perseguida/">Perseguida</a>&#8220;</h3>
<p class="MsoNormal" style="text-align: right;"><strong><em>Por Malva Chacana</em></strong></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: right;"><strong><em>Fotos: <a href="http://www.flickr.com/photos/veredatropical/">Francisco Pardo</a></em><em> y Cristián Piwonka</em></strong></p>
<p class="MsoNormal"><a href="http://www.mondadientes.cl/wp-content/uploads/2009/02/p1.jpg"><img class="alignright alignnone size-full wp-image-315" style="float: right;" title="p1" src="http://www.mondadientes.cl/wp-content/uploads/2009/02/p1.jpg" alt="" width="411" height="313" /></a>Fueron tensos minutos antes de que partiera la Alejandrina. Nos habíamos subido cuando aún faltaba media hora para el zarpe y analizábamos a cada nuevo pasajero. Si aparecía el chino estábamos perdidos, no podríamos arrancar, capaz que termináramos en el fondo del mar alimentando jaibas. Pero ningún oriental se subió.</p>
<p class="MsoNormal">El recorrido sonaba a canción: Aguirre, Cisnes, Gaviota, Tictoc, Raul Marín, Melinka, Quellón. Teníamos que bajarnos antes de Quellón, nos había quedado claro con el último encuentro, que en las ciudades nunca estaríamos seguros, por lo que la consigna era perderse de nuevo.</p>
<p class="MsoNormal">Nos bajamos en Gaviota después de dos días y medio de tranquila navegación en que nadie nos dirigió la palabra. Gaviota era un pueblo triste, poco más que una caleta, quedaba en una isla boscosa y oscura, del lado de la sombra. Nos quedamos en una pensión roñosa, con camas azumagadas y un extraño olor a encierro.</p>
<p class="MsoNormal">Todos los habitantes eran parecidos: silenciosos y oscuros, con pinta de sobrevivientes, más apagados que los habitantes de Tortel.</p>
<p class="MsoNormal">Dos días después apareció un argentino por la pensión, parecía conocido de los dueños. Era un tipo alegre y vestido con tecnología como Flavio, perdón, Alberto Movillo. Nos contó que trabajaba en las termas de Puyuhuapi, huevá que yo jamás había oído pero Flavio parecía absolutamente al tanto.</p>
<p class="MsoNormal">- ¡Uuuh! ¡La raja! ¡Ese lugar es la raja Mariela! ¡Es un hotel de lujo increíble en la mitad del bosque!</p>
<p class="MsoNormal">- Si che, es maravilloso, llega gente de todo el mundo y el lugar es fabuloso. Y ¿En que andan ustedes?</p>
<p class="MsoNormal">- Conociendo. Nos tomamos un año sabático para recorrer.</p>
<p class="MsoNormal">- ¿No necesitan trabajar por casualidad? Siempre estamos cortos de personal, sobre todo para la recepción y el restaurante. Cuesta encontrar gente que se quiera ir a instalar allá y que sea más o menos educada, no cualquier pelagatos ¿sabes?</p>
<p class="MsoNormal">Nos miramos tratando de comunicarnos con la mirada, sin mover los músculos de la cara. Sonaba como el escondite perfecto, un lugar seguro y controlado en el que podríamos tener una función anónima y nuestra condición de santiaguinos no sería un imán de miradas.</p>
<p class="MsoNormal">- Nos quedaría super bien –dije para dar alguna señal.</p>
<p class="MsoNormal">- No nos vendría mal apuntalar un poco el presupuesto de viaje.</p>
<p class="MsoNormal">- ¡Excelente, che! Yo traje un motor a reparar, mañana se supone que está listo y me vuelvo inmediatamente al hotel, se vienen conmigo. Los presento como viejos amigos. Yo soy el encargado de logística, veo todo lo que son equipos, reparaciones, vehículos, ese tipo de cosas. Por cierto, mi nombre es Nacho.</p>
<p class="MsoNormal">Al día siguiente partimos en una lancha que decía “termas de Puyuhuapi 7”. El mismo Nacho la manejaba. Llegamos en un par de horas. El hotel era de verdad espectacular: Estaba metido en un bosque al borde del mar, era bajo y casi se perdía con el entorno, el mar en el estrecho canal era calmado y una niebla se deslizaba sobre espejo del agua. Cuando el motor de la lancha se detuvo en el pequeño muelle, se volvió a escuchar el estruendo de los pájaros: chucaos, tiuques, bandurrias, lechuzas, gaviotas, cormoranes, etcétera. El hotel brillaba con un resplandor amarillento a madera y chimeneas, a penas se notaba circulación de gente en sus pasarelas colgantes. Era un paraíso tipo Travel and living.</p>
<p class="MsoNormal">El administrador era un tipo bastante joven, con un cuerpazo espectacular –kayaquista y maestro de yoga supe después- que nos recibió serio y un poco escéptico. Nos dijo que no necesitaba el curriculum escrito pero que le diéramos una noción de nuestros trabajos anteriores. Flavio infló su historial con cargos ejecutivos que dijo que lo habían saturado y que por eso se había largado del sistema, yo fui bastante honesta respecto a mi experiencia, salvo por un pequeño embeleco: tres años de administración pública en la Usach. Supuse que mi educación técnico profesional se vería medio escuálida al lado de los posgrados y viajes al extranjero de Alberto. Abel, el administrador, nos creyó y me dejó a mí en la recepción y a él en el bar mientras lo capacitaban para guía aprovechando su inglés y el portugués que aprendió<span> </span>un semestre que viajó por Brasil.</p>
<p class="MsoNormal">Ahí pasamos tranquilamente casi tres meses. Los orientales que llegaban a alojarse eran pocos y por lo general venían de alguna agencia y sabíamos de ellos más de lo que ellos jamás llegarían a saber de nosotros. Además me había cortado el pelo y Flavio se había dejado barba por lo que era difícil reconocernos. Para todo el mundo éramos Mariela y Alberto. Yo dormía con el personal femenino y Flavio con los hombres. Nos veíamos para las comidas y a veces en las tardes, en un living para el staff, con chimenea y biblioteca. No conversábamos mucho, tenía que parecer que nos conocíamos de toda la vida. Aunque estábamos tranquilos no nos podíamos relajar.</p>
<p class="MsoNormal"><a href="http://www.mondadientes.cl/wp-content/uploads/2009/02/p3.jpg"><img class="alignleft alignnone size-full wp-image-317" style="float: left;" title="p3" src="http://www.mondadientes.cl/wp-content/uploads/2009/02/p3.jpg" alt="" width="461" height="320" /></a>Al poco tiempo, los días empezaron a hacerse más cortos y lluviosos. Algunos árboles amarillaron y la mitad del personal abandonó sus trabajos de temporada para volver a los estudios. Los turistas seguían llegando al spa pero las actividades eran más relajadas y la vida se volvió calma pese a las ocasionales tormentas y vendavales. Yo seguía detrás del escritorio de la recepción, organizando reservas, recibiendo a los recién llegados y cobrando las abultadas cuentas. La mayoría de los pasajeros eran amables, snob pero amables, andaban además como volados por lo lindo del paisaje, la calma, los masajes y el abundante <em>vinou chilenou</em> que se ponían entre pecho y espalda desde las 12 del día en adelante. De vez en cuando me topaba con alguna gringa operada que se desesperaba porque no tenía teléfono en la pieza o señal de wifi para su mini notebook o su blackberry, era imposible hacerlas entender que estaban en medio de la nada y había que tragarse un par de insultos murmurados mientras salían de la recepción batiendo enfurecidas sus potos de silicona odiando este país tercermundista al que sus esposos las habían mandado a enterrarse mientras ellos se tiraban a sus secretarias en sus oficinas de Londres o New York.</p>
<p class="MsoNormal">Una noche salimos a dar unas vueltas con Flavio, ya estábamos un poco aburridos de la rutina pero teníamos claro que era el mejor lugar para ocultarse un rato, discutíamos si era conveniente que saliéramos a Puerto Cisnes o al mismo Coyahique por un par de días ya que algunas cejas se empezaban a levantar ante nuestra negativa a tomarnos los días libres para ir a la civilización como lo hacía la mayoría del personal. Estábamos apoyados en la baranda de una pasarela mirando el mar apenas iluminado por las luces del hotel y el resplandor de la luna oculta detrás de la neblina. De pronto empezamos a escuchar un motor a lo lejos, venía hacia el hotel rápidamente. Todas las lanchas institucionales estaban amarradas al muelle y no era común que alguien navegara de noche, era peligroso.</p>
<p class="MsoNormal">Lo que menos esperábamos era ver aparecer el Zodiac de los friendship, pero ahí estaban, venían directo hacia nosotros con sus trajes grises, eran los mismos cuatro gringos que nos habían sacado de la isla de los Ruiz Álvarez. Nos quedamos helados mirándolos venir. Apagaron el motor varios metros antes de llegar donde nosotros y siguieron avanzando con el impulso de la inercia. Botaron una pequeña ancla justo a los pies de la pasarela y nos hablaron desde el bote.</p>
<p class="MsoNormal">- Hola chicos, tanto tiempo. –Ante nuestro anonadado silencio siguieron.</p>
<p class="MsoNormal">- Suponemos que ya les habrán contado miles de historias sobre nosotros. La mitad son mentiras. -¿Eso quería decir que la otra mitad eran ciertas?- Los estábamos buscando para advertirlos –El que hablaba era el de mentón cuadrado y aspecto de actor de cine.</p>
<p class="MsoNormal">- Los hongkoneses vienen hacia acá a buscarlos, han recorrido toda la región preguntando por ustedes y dieron con una pista: alguien que los reconoció dijo que estaban acá. Van a llegar en 30 horas, nosotros no podemos llevarlos con nosotros, pero búsquense un destino nuevo antes de que lleguen, este lugar ya no es seguro.</p>
<p class="MsoNormal">Flavio parecía relajado.</p>
<p class="MsoNormal">- ¿Cómo es que sabían dónde encontrarnos? ¿Cómo saben de los hongkoneses? ¿Cómo saben que van a llegar en 30 horas? –Las impenetrables sonrisas volvieron a sus caras.</p>
<p class="MsoNormal">- Una de las verdades que les dijeron es que somos telépatas, y cuando establecemos un vinculo con alguien, con ustedes por ejemplo, quedamos para siempre conectados con esa persona, monitoreando su bienestar a distancia, y si podemos hacer algo por ayudar a nuestros amigos, lo hacemos. De los hongkoneses sabemos desde que se subieron a nuestra lancha, el cuidado que pusieron en no mencionarlos hace un ruido tremendo a nivel telepático, es como que lo hubiesen estado gritando.</p>
<p class="MsoNormal">- ¿Por qué no nos pueden llevar con ustedes?</p>
<p class="MsoNormal">- Por una ley de equilibrio universal. Ya los salvamos una vez, corregimos una injusticia, ahora, solo podemos advertirlos, es su propia energía la que tiene que sacarlos de la línea de fuego. Tengan cuidado en quien confían. <span> </span>–Dijeron esto y echaron a andar su motor, se despidieron con un gesto de la mano y desaparecieron en la<span> </span>niebla.</p>
<p class="MsoNormal">Nosotros manteníamos la misma posición en la que nos encontraron: acodados sobre la baranda mirando el mar.</p>
<p class="MsoNormal">- ¡Conchesumadre! ¡Los chinos de nuevo! ¡Hijos de puta! ¡¿Cuándo mierda nos van a dejar tranquilos?! ¡Ya han recibido un montón de plata! ¡Y saben que van a seguir recibiendo más!</p>
<p class="MsoNormal">Nunca había visto a Flavio perder la compostura y ese buen humor que se me hacía tan pedante. Fue tanto que me puse un poco contenta, por primera vez me sentía en control de la situación.</p>
<p class="MsoNormal">- Asume, hueón. Si hace rato que me vienes repitiendo que nos vamos a tener que andar moviendo un par de años hasta que nos dejen en paz, si es que lo hacen. Lo divertido es que te llama más la atención que los chinos se nos acerquen a que hayan venido unos extraterrestres a avisarnos pa que arranquemos. –Me miró con la mandíbula apretada. Estaba de verdad furioso.</p>
<p class="MsoNormal">- Me gusta mucho vivir aquí. Hay de todo, gente de todos lados, el lugar es hermoso. ¡No me quiero ir!</p>
<p class="MsoNormal">- Quien sabe, po Flavio. Capaz que nos sigamos encontrando con destinos interesantes, incluso mejores que este. Anda haciéndote la idea, porque por lo menos yo, le creo a los extraterrestres nazis telépatas pachamámicos. –Su gesto de ira se volvió una carcajada, medio nerviosa pero carcajada al fin.</p>
<p class="MsoNormal">- Hablemos con Nacho en la mañana para que nos saque.</p>
<p class="MsoNormal">Cuando me levanté a tomar desayuno al día siguiente, Flavio ya había hablado con el che para que nos llevara a Melinka. Le había dicho que nos íbamos a tomar algunos días libres de los que teníamos acumulados, aprovechando que había poco público y además porque supuestamente era mi cumpleaños en un par de días. Cuando me senté a la mesa, el Nacho le estaba explicando que para eso había que salir muy temprano porque había que cruzar el canal Moraleda, que generalmente se levantaba hacia el mediodía, junto con la marea y el viento, así que si nos programábamos para el día siguiente el nos sacaba con gusto, además, dijo, aprovecharía de ir a buscar unos repuestos para una de las bombas de agua que estaba fallando y que ni el mecánico de Puerto Cisnes ni su maestro de Gaviota le habían podido arreglar.</p>
<p class="MsoNormal">- Así que vas a estar de cumpleaños Marielita. –Con una sonrisa traté de camuflar la sorpresa ante la mentira recién estrenada- y ¿cuántos cumples bonita?</p>
<p class="MsoNormal">- 25 –dije, me pareció que nada sería más creíble que la verdad.</p>
<p class="MsoNormal">- A pero que bien, che. Mañana me los llevo a Melinka para que aprovechen de celebrar. ¿Y no te llevás a ningún chico guapo para que te acompañe?</p>
<p class="MsoNormal">- Si quiero un chico guapo solo necesito chasquear los dedos ¿ya?</p>
<p class="MsoNormal">De ahí la conversación se fue hacia lo malo que se ponía el canal, que mucha gente había quedado a la deriva, el Nacho aprovechó de explicarnos el sistema de seguridad del bote, que venía dentro de una bolsa flotadora que tenía una balsa, bengalas y comida.</p>
<p class="MsoNormal">- No quiero asustarlos, che, pero como es invierno y hasta Melinka son seis horas por el Moraleda, más vale que estén preparados y vayan abrigados.</p>
<p class="MsoNormal">Coordinamos la salida con el Abel que también me felicitó por mi cumpleaños falso y me regaló un vino carísimo que jamás había escuchado ni nombrar. Me dio la tarde libre para preparar mis cosas pero igual pasé por la recepción a revisar las reservas para ver si algún oriental había reservado.</p>
<p class="MsoNormal">- No seas trabajólica Mariela –me decía la Angie, otra de las recepcionistas.</p>
<p class="MsoNormal">- ¡Ya déjame o! No veís que estoy nerviosa por la navegación de mañana, el Nacho más lo que nos metió miedo, trabajar como que me tranquiliza. Yo ordeno las reservas.</p>
<p class="MsoNormal">- ¡Si te encanta! Haga lo que quiera, mi chica.</p>
<p class="MsoNormal">Y ahí estaba: Hans Chaug, había reservado hacía menos de 24 horas y llegaba en la mañana en avioneta hasta Puerto Cisnes y de ahí lo traía una de las lanchas de las termas. Su <em>chekin</em> estaba para las ocho de la mañana. Nosotros partiríamos antes. Lo acompañaban otros tres tipos que no me sonaban para nada, podrían haber sido los gorilones de Santiago o el tipo que nos topamos en Coyahique.</p>
<p class="MsoNormal">Esa noche le comenté a Flavio que la advertencia de los frienship era de verdad, de cierto como decía la Angie.</p>
<p class="MsoNormal"><a href="http://www.mondadientes.cl/wp-content/uploads/2009/02/p2.jpg"><img class="alignright alignnone size-full wp-image-316" style="float: right;" title="p2" src="http://www.mondadientes.cl/wp-content/uploads/2009/02/p2.jpg" alt="" width="463" height="344" /></a>A las seis de la mañana estábamos en el muelle con todo nuestro equipaje. El Nacho traía un cooler con “algunas provisiones”: seguramente algún copete y sándwiches, y venía entero forrado en parkas y perneras.</p>
<p class="MsoNormal">- Bueno che, a aprovechar que el mar está echado. ¡Vámonos!</p>
<p class="MsoNormal">La navegación empezó tranquila por los estrechos canales al norte de la isla Magdalena, hasta que salimos al Moraleda, ahí ya la cosa se movía un poco más fuerte, la lancha iba cortando olas y el viento no dejaba escuchar las conversaciones. Hacia las ocho de la mañana ya había terminado de amanecer, el cielo estaba completamente despejado y azulino, casi no corría viento y hacía un frío de la puta madre. Algunas nubes bajas de la noche aun estaban enredadas a los árboles en las caras oeste de las islas. Nacho sacó una botella de fernet y otra de cocacola junto con unos panes con loco y mayonesa que le había mandado la ayudante de cocina que se comía.</p>
<p class="MsoNormal">- Para que celebremos tu cumpleaños nenita, yo casi no me acuerdo de mis 25, creo que fue mi último año en la facu. Puro carrete, como dicen ustedes, por eso no me recibí ¿saben?</p>
<p class="MsoNormal">Como a las 10 de la mañana la radio, que estaba en la frecuencia del hotel, comenzó a chicharrear.</p>
<p class="MsoNormal">- Puyuhuapi<span> </span>7, Puyuhuapi 7, aquí central.</p>
<p class="MsoNormal">- Aquí Puyuhuapi 7, adelante central.</p>
<p class="MsoNormal">- Nacho tengo entendido que llevas a Mariela y Alberto Movillo contigo, ¿es correcto? Cambio.</p>
<p class="MsoNormal">- Afirmativo. Cambio.</p>
<p class="MsoNormal">- Unos pasajeros están consultando por ellos, dicen que habían quedado de juntarse con ellos aquí. Cambio</p>
<p class="MsoNormal">- Cual sería la identidad de los pasajeros. <span lang="EN-US">Cambio.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="EN-US">- Hans Chaug. Charlie, Hotel, Alfa, Uniform, Golf. </span><span lang="ES">Cambio.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES">Nacho nos miró con cara de pregunta. </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES">- Los pasajeros quieren saber<span> </span>tu QTH. Cambio.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES">Con Flavio negábamos con las manos, la cabeza, le pedimos que no dijéra para donde íbamos.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES">- Estamos cruzando el Moraleda, nos dirigimos a Melinka. Infórmeles a los pasajeros que los Movillo están de franco. Cambio</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES">- Alfa Sierra.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES">Pasaron unos eternos 5 minutos en que Nacho nos daba la espalda conduciendo la lancha entre las cada vez más encrespadas olas del canal Moraleda, mientras el viento comenzaba a arremolinarse al interior de la cubierta y el cielo se cubría de un gris lavaza.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES">- <span> </span>Puyuhuapi 7, aquí central.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES">- Aquí puyuhuapi 7, adelante central.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES">- Los pasajeros acaban de zarpar en la Puyuhuapi 4, van a su encuentro, para que los Movillo esperen al señor Chaug tan pronto recalen en Melinka. Cambio.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES">- ¿Quién conduce la Puyuhuapi 4? Cambio.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES">- Bartolo. Cambio.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES">- Copiado. Quedamos QAP. </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES">- Llévanos a otro lado Nacho por favor, no podemos encontrarnos con esos chinos, es de vida o muerte, llévanos pa cualquier otro lado, déjanos tirados por ahí si querís pero no nos lleves a Melinka, por favor. ¡Nos están persiguiendo y ahora saben donde encontrarnos!</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES">Sin soltar el timón el Nacho se dio media vuelta. </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES">- Es que el señor Chaug quiere verlos, y no me va a pasar el resto de la guita si no se los entrego.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES">Vi su cara de burla y bajé la mirada: en la mano sostenía una pistola que nos apuntaba directamente.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES">- Alberto ¿O debo decir Flavio? Amarrá a tu mina y tomá el timón.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES"> </span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES"><em>Continuará…</em></span></p>
<p class="MsoNormal">
<h3><span style="color: #000080;">Todos los capítulos de &#8220;<a href="http://www.mondadientes.cl/category/perseguida/">Perseguida</a>&#8220;</span></h3>
<h3><a href="http://www.mondadientes.cl/un-mail-inconveniente/"><span style="color: #000080;">1. Un mail inconveniente</span></a></h3>
<h3><a href="http://www.mondadientes.cl/el-pije/">2. El Pije</a></h3>
<h3><a href="http://www.mondadientes.cl/la-huida/">3. La Huída</a></h3>
<h3><a href="http://www.mondadientes.cl/a-la-deriva/">4. A la Deriva</a></h3>
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<h3><a href="http://www.mondadientes.cl/al-natural/">6. Al Natural</a></h3>
<h3><a href="http://www.mondadientes.cl/friendship/">7. Friendship</a></h3>
<h3><a href="http://www.mondadientes.cl/alejandrina/">8. Alejandrina</a></h3>
<h3><a href="http://www.mondadientes.cl/el-mar-esta-echado/">9. El mar está echado</a></h3>
<h3><a href="http://www.mondadientes.cl/atada/">10. Atada</a></h3>
<h3><a href="http://www.mondadientes.cl/2-millones-de-dolares/">11. 2 millones de dólares</a></h3>
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		<title>Alejandrina</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Jan 2009 00:39:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>mundomonda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Perseguida]]></category>

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		<description><![CDATA[El destino no quiere dejar en paz a Fernanda y Flavio que siguen en fuga por los canales de Aysen, ahora ayudados por fuerzas más allá de su comprensión en el 8° capítulo de &#8220;Perseguida&#8220;.
por Malva Chacana
Los habitantes de Caleta Tortel nos miraban raro. La misma señora Lola de la &#8220;Casa de té&#8221; nos había [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>El destino no quiere dejar en paz a Fernanda y Flavio que siguen en fuga por los canales de Aysen, ahora ayudados por fuerzas más allá de su comprensión en el 8° capítulo de &#8220;<a href="http://www.mondadientes.cl/category/mondadientes/perseguida/">Perseguida</a>&#8220;.</strong></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: right;"><strong><em>por Malva Chacana</em></strong></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX"><a href="http://www.mondadientes.cl/wp-content/uploads/2009/01/preseguida8.jpg"><img class="alignleft alignnone size-full wp-image-299" style="float: left;" title="preseguida8" src="http://www.mondadientes.cl/wp-content/uploads/2009/01/preseguida8.jpg" alt="" width="450" height="917" /></a>Los habitantes de Caleta Tortel nos miraban raro. La misma señora Lola de la &#8220;Casa de té&#8221; nos había alojado en la pensión que tenía detrás del local.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Durante los desayunos nos enfrentábamos al interrogatorio de los demás pensionistas, que a su vez nos contaban nuevos detalles del mito de Frienship: Que rescataban náufragos, que aparecían en medio de las tormentas para ofrecer refugio a las naves en peligro, que eran gringos de una secta, que eran extraterrestres, que eran del futuro, que se comunicaban por telepatía, que eran ángeles, nazis, médicos telépatas. Incluso nos mostraron mapas oficiales donde figuraba &#8220;isla Friendship&#8221; pero nos contaron que cada vez que alguien iba en esa dirección no encontraba más que mar.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- Pero eso es bastante más al norte que aquí, si pue. –Nos dijo un día un comensal de la señora Lola, ella se había vuelto algo así como nuestro manager en el pueblito.  Como recitando una poesía bien aprendida le respondimos completando las frases el uno del otro.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- Señor: si supiéramos donde estábamos siquiera, quizás tendríamos alguna explicación.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- Eso fue lo que nos dijeron los gringos: que eran de Europa, de una religión especial y que en la punta del cerro de la isla donde estábamos varados…</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- Que le repito: no sabemos dónde queda.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- …Ellos tienen un sitio para rezar o algo así.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- Todo lo demás nos lo han contado aquí, nosotros sólo estamos felices que nos hayan sacado, pensábamos que íbamos a dejar los huesos ahí.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">El viejo nos quedó mirando un buen rato mientras untábamos humeantes panes blancos con margarina y mermelada de moras, y sorbíamos como cabros chicos nuestra leche caliente con café.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- Yo también me he encontrado con los gringos por ahí ¿sabe? Pero más pa&#8217;rriba sipo, pal Archipiélago de los Chonos. Por ahí por el 84 se vio su nave, mucha gente la vio, hasta pal lado de la Argentina. Todos la vieron, pero como que a la gente se le olvida, si hasta los marinos estaban llamando a la Fuerza Aérea esa noche, yo los oí por la radio de mi lanchón.  A los gringos los vi cerca de la isla Stokes una vez, arriba de ese zodiac que ustedes cuentan. Pasaron por el lado mío y me quedaron mirando con las tremendas sonrisas, primero pensé que eran turistas ¿ve que uno a veces se topa con de esos tipos en kayac? De ese tipo de gente, pensé yo, pero después me fijé en cómo se llamaba la lancha y me cayó la teja. Pero creo que nunca había escuchado que se los viera tan al sur, oiga.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Su &#8220;oiga&#8221; era de suspicacia. Esta gente era hostil y desconfiada aún cuando ni siquiera se les ocurría de qué, sólo desconfiaba de todo lo que no fuera absolutamente familiar, de nosotros &#8220;santiaguinos&#8221; por ejemplo.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">A veces me ponía a pensar en Santiago y parecía que había salido hace años, que era otra vida, una de película, pensaba en mis zapatos de taco juntando polvo en el closet, en mi gato Telín, moría de ganas de hundirme en mi almohada, en mi colchón, quedarme toda la tarde viendo tele y comiendo comida china… pensaba en arroyados primavera crujientes con salsa de soya, en helados de máquina, en ir a discoteques con las chiquillas, conocer minos diferentes y patéticos, terminar comiendo ases en un carrito antes de tomar la micro mientras sale el sol y acostarse con los pajaritos, la gente que sale a trabajar y las viejas que van a misa. Pensaba que me hubiese comido con desesperación una marraqueta crujiente con palta madura, no estas huevás hilachentas y machucadas que comen acá. Y por sobre todo pensaba en mi mamá y mi hermana que deben haber estado muriendo de preocupación, mi mamá con jaquecas y el colón inflado como una pelota, ojalá los chinos no la hubiesen seguido hueviando, estaba convencida de que haberme arrancado lejos y que ellos supieran que estaba lejos, la protegía, porque sabían que no la contactaría. Probablemente mi hermana estaba furiosa conmigo por asustar a mi mamá, y estaría convenciéndola que esto tenía que ver con algún mino, que en alguna locura andaba metida, que ella le había dicho que yo era muy regalona, que cómo a ella nunca la había dejado irse a vivir sola antes de casarse, etc. Había escuchado la misma cantinela, no sé cuantas veces.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX"> De los Ruíz Alvarado nadie parecía saber nada, por lo que aún no aclarábamos donde habíamos estado todo ese tiempo antes de que nos rescataran los Friendship. Un día la señora Lola nos dijo que teníamos que hablar con su mamá, una señora que parecía de mil años, que había sido colona con su marido. Originalmente eran de Chillán, llegó &#8220;haciendo patria&#8221;, como había escuchado decir tantas veces.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Entre los viejos que se emborrachaban en el salón de té se escuchaba más o menos las mismas historias: que muchos de los que llegaron de colonos venían arrancados de otros lados, de la ley, que muchos murieron de frío, de soledad o de locura y que antiguamente no era como ahora que está todo conectado por tierra y por mar, sino que era la soledad más absoluta, que la gente tenía sus lanchas y cada cierto tiempo, cuando el clima lo permitía, navegaban hasta Puerto Edén o Quellón, que después que se abrió la Carretera <a href="http://www.mondadientes.cl/wp-content/uploads/2009/01/perseguida8sur.jpg"><img class="alignright alignnone size-full wp-image-300" style="float: right;" title="perseguida8sur" src="http://www.mondadientes.cl/wp-content/uploads/2009/01/perseguida8sur.jpg" alt="" width="414" height="426" /></a>Austral y se fundó la caleta Tortel empezó a llegar más gente a esta zona y que muchos de los recién llegados eran del norte, es decir del archipiélago de los Chonos, al otro lado del Golfo de Penas, o de Chiloé que era sinónimo de metrópolis casi. La cosa es que la viejita mamá de la señora Lola, sabía quiénes eran los Ruiz Alvarado:</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- Uuy mijita, esa es una historia muy triste. Era una familia de colonos chilotes, él trabajaba el ciprés por ahí por península Swett, eso es bien al <em>surwueste</em>. Vivían solos en una islita, tenían dos cabros chicos, la señora era bien trabajadora, iba a aserrar con el marido y los niños ayudaban también. Se los veía a veces en su bote, en esos años, la gente que se conocía aunque fuera un poco, pasaba a visitar cuando andaba cerca porque sino uno no se veía nunca y era como estar abandonado en el poto del mundo. Ellos habían llegado antes que nosotros, eran un poco mayores: yo tenía unos 28 cuando llegué, la señora Irma debe haber tenido unos 40, no más. Nosotros estábamos instalados a los pies del cerro Catedral, harto más al norte pero igual nos veíamos de cuando en vez. En una ocasión llegaron los marinos preguntando si teníamos noticias de ellos, pero no sabíamos na desde hacía varios meses, pensamos que a don Joaquín le habría ido bien y que no habrían salido de su isla en el invierno. Los marinos nos dijeron que habían quedado de llevar un pedido a Aguirre y que nunca habían llegado, que los quedaron esperando cómo dos meses, y que el comprador había dado aviso para que los buscaran. Los marinos siguieron pal sur y a los pocos días llegaron con la noticia de que se habían encontrado con la casa quemada y tres cruces, pero nada más, no estaba su lancha y nunca se supo que pasó. Hace un par de años declararon Parque Nacional todo eso y mucha gente voló de sus casas a lugares más poblados, de vida menos dura. Nunca se supo que fue del cuarto integrante de esa familia o quien fue el que se salvó, si la señora, el marido o alguno de los niños; se corrieron muchas historias: que alguno de los papás se volvió loco y los mató a todos, que murieron en el incendio mientras el caballero andaba de faena, tantas cosas se dijeron.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Nos quedamos a tomar tecito con la abuelita, conversando de las dificultades y penurias que pasaban antiguamente. Resultó que no tenía más de 75 años, pero era una anciana calva y arrugada como pasa, que cuando se levantaba quedaba tan doblada como cuando estaba sentada.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">La señora Lola  se fue a abrir su boliche y Flavio y yo nos volvimos caminando por las oscuras calles de Tortel con el viento golpeándonos la cara.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- Hay hartas cosas que no me cuadran en el relato de la señora. –Lanzó. Yo iba pensando lo mismo.- Pa&#8217; empezar eso fue hace mucho tiempo como 50 años atrás, los gringos no pueden haber ni nacido cuando eso pasó ¿cómo van a haberlos enterrado ellos? ¿Cómo siquiera sabían de su existencia si casi nadie los recuerda?</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- Bueno, ya estamos claros que los gringos son raros. ¿Qué habrá pasado con el cuarto Ruiz Álvarez, ah? ¿Se lo habrán llevado ellos? ¿Tendrá esto que ver con esa plataforma de piedra arriba del cerro?</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- Por suerte salimos de ahí mujer, que nervios. ¿Te imaginas que esa rumita de piedras haya sido como una antena pa llamarlos?</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- ¡Ay cállate, que miedo! –Le pegué un palmazo y me respondió abrazándome la cabeza fuerte. Así nos fuimos hasta la pensión, caminando lento, abrazados. –Vámonos de aquí, creo que ya estamos repuestos y como que me quiero ir.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- Acuérdate que no andamos apurados, tenemos que encontrar un lugar donde quedarnos para siempre, donde los chinos no nos pillen. Pero podemos dejar este pueblo como refugio, veamos si pillamos un lugar que sea menos perdido por aquí, sino nos volvemos pacá, nos compramos una casita y nos quedamos un rato. Claro que tendríamos que buscarnos una pega pa&#8217; pasar piola, sino van a cachar altiro que tenemos lucas.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- Vamos a Coyahique un par de días, hacemos como que vamos a buscar plata, vivimos un rato y volvemos.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- Me parece un buen plan, entonces destino: pasear un poco y volver a echar raíces en Tortel.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">- Ya, pero tampoco así como <em>for ever</em>, no te pasís rollos, me tenís que pedir matrimonio pa&#8217; eso.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Al día siguiente contactamos a una pareja de franceses que iba de paso por Tortel, venían de Villa O&#8217;Higgins, andaban haciendo la Carretera Austral pero ya iban de vuelta, partirían a medio día a Coyahique, les ofrecimos algo de plata para el combustible de su 4&#215;4 arrendada, echamos los bultos arriba y partimos. No dejamos nada en Tortel, nos habíamos acostumbrado a andar con nuestra casa a cuestas.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Llegar a Coyahique fue como renacer. Me podía imaginar perfecto lo que sentían los colonos cuando navegaban a Quellón o Melinka años atrás y se sentían en la metrópolis. Al fin elementos conocidos: la misma cadena de farmacias que había a media cuadra de mi edificio en Santiago, con los mismo productos ordenados de la misma forma: mi marca de shampoo, de crema para la cara. Vimos servicentros, con M&amp;M, jugos Afe, todas esas cosas familiares. Fuimos a restaurantes con mozos impersonales que nos servían platos &#8220;internacionales&#8221; como papas duquesas, cortes conocidos de carne –no como en Tortel donde la carne era solo carne, nada de lomo, posta o malaya, sino que todo era una sola mezcla de trozos desordenados. Nos instalamos en un hotel pequeño, de 3 o 4 estrellas, con servicio a la habitación y desayuno continental, todas esas cosas que casi había olvidado. Por las noches salíamos a bailar, a comer, a tomar, y durante el día seguíamos tomando o consumiendo.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-MX">Nos hicimos amigos de gente de nuestra edad, despreocupada y alegre para los que éramos los hermanos Mariela y Albert Movillo, las chapas que nos habíamos inventado hace más de dos meses cuando llegamos a Puerto Natales. Fuimos a </span>sus casas, conocimos a sus familias, se hicieron asados con la excusa de mostrarnos la <em>patagonian way of life</em>. En resumen, nos dedicamos a puro carretear durante dos semanas, incluso anduve medio pinchando con un sureño de ojitos azules y físico reforzado al que le encantaba tomarme en brazos después de la segunda piscola: llegaba por detrás y me levantaba entre risas y palmazos.</p>
<p class="MsoNormal">- Es que eres tan menudita, flaquita rica.</p>
<p class="MsoNormal">- ¡Ya Matías! ¡Bájame, bájame! ¡Se me va a dar vuelta el vaso!</p>
<p class="MsoNormal">- Le servimos otro pos mija linda, en que topamos ¿ah?</p>
<p class="MsoNormal">El Flavio miraba de reojo no más, con cara lo más de hermano posible. Es que no tenía muchas opciones de nada: al lado de estos patagones corpulentos se veía como un niñito flaquito, inexperto y medio pavo con su ropa super tecnológica y sus chascas ralas.</p>
<p class="MsoNormal"><a href="http://www.mondadientes.cl/wp-content/uploads/2009/01/perseguida8norte.jpg"><img class="alignleft alignnone size-full wp-image-301" style="float: left;" title="perseguida8norte" src="http://www.mondadientes.cl/wp-content/uploads/2009/01/perseguida8norte.jpg" alt="" width="415" height="376" /></a>Una tarde estábamos con este grupo tomándonos unas cervezas en El Cuervo, un local todo de madera con chimenea encendida, cuando vimos lo que más temíamos: al chino. Dudamos si era el mismo sicario de Hao Wei, el chino del bus a Natales que dijo que se llamaba Hans Chaug. Nos quedamos helados y no pudimos recuperar el buen humor. Nos fuimos temprano para el hotel con una botella de vodka y otra de tónica bajo el brazo. Emborracharnos empezaba a ser la mejor forma de tomar decisiones, como una cábala para que todo saliera bien.</p>
<p class="MsoNormal">- No tenía mucha pinta de saber que estábamos ahí mismo.</p>
<p class="MsoNormal">- Yo no creo que fuera el mismo ¿sabes?</p>
<p class="MsoNormal">- ¿Pero y si es? ¿O si es de los mismos? ¿Cómo hacemos para volvernos a Tortel sin que nos vea?</p>
<p class="MsoNormal">- Hemos circulado todos estos días sin que nos pillen, no creo que tengamos tan mala cueva.</p>
<p class="MsoNormal">Pero teníamos. Al día siguiente íbamos en dirección al terminal de buses cuando nos volvimos a topar con el chino, esta vez casi de frente en la calle, nos quedamos helados. Llevaba un <em>palm</em> en la mano, pudimos verlo bien y definitivamente no era Chaug, pero pareció reconocernos. Levantó el <em>palm</em> y lo miró, nos miró a nosotros y lo volvió a mirar mientras su expresión cambiaba y comenzaba a acercársenos ¡nos estaba comparando con una foto! Nos largamos a correr por la calle hasta perderlo, seguramente había llegado hace poco y aún no se familiarizaba con la ciudad, en cambio nosotros ya casi éramos locales después de dos semanas de aplanar las calles, carreteando.</p>
<p class="MsoNormal">- ¡Plan B. Plan B. Plan B! –Gritaba Flavio corriendo.</p>
<p class="MsoNormal">Teníamos un plan B y lo pusimos en curso. Corrimos a arrendar una 4&#215;4 con vidrios polarizados que teníamos vista y nos fuimos volando a puerto Chacabuco que quedaba a pocas horas de distancia, ahí encontramos a punto de zarpar a la Alejandrina, una barcaza que va  desde Chacabuco a Quellón pasando por varios puertecitos parecidos a Tortel, pero más desconectados aún. Si lográbamos partir en una barcaza libre de chinos, compraríamos por lo menos un par de días para perdernos entre bosques y otros lugares. La Alejandrina era como una micro flotante llena de chilotes, colonos y trabajadores salmoneros, ningún chino por lo pronto. Pero una vez más está persecución nos había lanzado a la vida sin rumbo fijo, sin destino, sin raíces ni mucha esperanza de verle algún final.</p>
<p class="MsoNormal">
<p class="MsoNormal"><em>Continuará…</em></p>
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<h3><span></p>
<h3><span style="color: #000080;">Todos los capítulos de &#8220;<a href="http://www.mondadientes.cl/category/perseguida/">Perseguida</a>&#8220;</span></h3>
<h3><a href="http://www.mondadientes.cl/un-mail-inconveniente/"><span style="color: #000080;">1. Un mail inconveniente</span></a></h3>
<h3><a href="http://www.mondadientes.cl/el-pije/">2. El Pije</a></h3>
<h3><a href="http://www.mondadientes.cl/la-huida/">3. La Huída</a></h3>
<h3><a href="http://www.mondadientes.cl/a-la-deriva/">4. A la Deriva</a></h3>
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<h3><a href="http://www.mondadientes.cl/al-natural/">6. Al Natural</a></h3>
<h3><a href="http://www.mondadientes.cl/friendship/">7. Friendship</a></h3>
<h3><a href="http://www.mondadientes.cl/alejandrina/">8. Alejandrina</a></h3>
<h3><a href="http://www.mondadientes.cl/el-mar-esta-echado/">9. El mar está echado</a></h3>
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