looser2Por Sebastián b. López

Ilustración de Judeh Samir El Alam López

¡El día comenzó como el porcino!. Me quedé dormido. Se me acabó el gas para el calefón. El shampoo se me metió a los ojos. Y me fui colgando del fierro de la micro quedando acalambrado hasta la axila por cerca de 20 minutos. Pero gracias a Dios llegué, no sé cómo, a la hora de la entrevista.

Me acerqué a la secretaria y sucedió lo mejor: Pareció que el tiempo se detuvo. Todo pasaba en cámara lenta. Iba todo demasiado perfecto hasta que me mandé el conchazo de mi vida con la puerta de cristal que no vi por estar mojándome con la secretaria, una morena despampanante de ojitos verdes, labios gruesos y un escote que me obligó a poner el maletín delante de mi pequeño compañero que comenzó a despertar.

- Hola, qué se le ofrece – dijo ella.

- Vengo por la entrevista – Le conteste, mirándole el par de toronjas… ¡que toronjas!, ¡¡¡melones!!! y bien bronceados.

Me pidió que la siguiera por un pasillo hacia la oficina del superior y yo ni weón. Tenía un culo hecho a mano, como incitándome a seguirla adelante.

- Aquí es – señaló. Entramos una oficina grande y cómoda.

La mujer me presentó a su jefe con coquetería y complicidad… ¡¡¡Ahí caché todo!!! La mina era una inepta que pa’ lo único que servía era pa’ tirársela en la hora de colación y después de la pega. Y ni weona pa’ no hacerlo. Su jefe era joven y con caleta de plata.

En la conversación me preguntó un montón de tonteras que ni me acuerdo, porque me dedique a puro sacarle la foto. Bien vestido, pelo un tanto largo, sin corbata, algo musculoso. En resumidas cuentas una especie de “erectículus perfectículus”, un playboy en plena edad semental, o sea, un puto con plata.

El tipo necesitaba una especie de junior para que trabajara con Constanza, su secretaria. Ahí comenzó to’o, fue un regalo de Dios: trabajaría con una de las minas más ricas que he visto, me pasaría de estúpido si dijera que no.

La mañana fue hermosa, me asignaron un cubículo cerca de mi musa y nos pusimos a conversar, ¿de qué? No lo sé, porque sólo me concentré en su escote y labios carnosos y húmedos que se movían al ritmo del reggaetón que sonaba suavemente de fondo.

Y bueno, ustedes se pueden imaginar el resto. Sí obvio… jajaja… ¡¡¡Nada!!! Si soy un looser de los más grandes.

La hora del almuerzo fue como estar en medio del paraíso. Cada minita que pasaba llevaba su risita de coqueta e iba acompañada de un weón grande con la sonrisa perfecta y el poto bien paradito. El casino queda en medio del patio trasero de la empresa, adornado con árboles en macetas, porque la política de hoy es: “el cuidado de las áreas verdes”… ¡¿Qué áreas verdes? si con raja las hojas se ven detrás del humo de los cigarrillos! El lugar está dividido por una escalera en dos sectores: Arriba están los gerentes y abajo nosotros. Ellos tienen mesas de madera bien barnizaditas, con quitasoles acompañados de sillas y cojines de igual estilo para sus traseros redondos. Están como medio metro más arriba de la manga de giles que sirven los cafecitos y salen a la calle por dos o tres chauchas (que es exactamente en lo que comenzaré a trabajar y ganar desde hoy).

Mi primer día fue así: Me senté sólo, como medio metro más abajo que todos, encorvado y sin quitasol en medio de un calor de la puta madre. El día siguió igual, sin pena ni gloria. Pero esta ¡lo sé!, es la oportunidad de mi vida.

¡Hoy se producirá el cambio!¡Hoy dejaré de ser el más penca de todos y me convertiré en un ganador, en un winner, en un semental, en un gladiador, en un…! ¡¡¡Cresta mi vieja!!! Estaba en lo mejor cuando entró a  la pieza y me hecho la foca por la bulla. Me voy, es hora de dormir y tener sueños mojados con mi musa… ¡ooooh sí! ¡¡síííí!! ¡¡¡síííííííí!!!

Continuará…