El amor aclara las ideas del Cadete en el 10° capítulo de “El Guiño Eléctrico

por R. Marvin

Ilustraciones R. Bronson

El “Cuerina” me miraba con tremendos ojos, abiertos y rojos, y suspiraba y metía bulla con la lengua cada vez que lo sorprendía algo que le contaba. Pasaba la hora de almuerzo y nos quedamos tomando un shop después de comer.

- ¿Cómo se llamaba la perica?

- Verónica, ya te dije.

- Y ¿Cómo es que la conociste?

- La levanté en un bar.

- ¿Rica?

- ¡Sí hueón! Si ya te dije eso. Lo importante es tratar de entender porqué sueña conmigo. Porqué le aletean las orejas y cómo es que precisamente ella, se acostó conmigo.

Me hería el ego pensar que tuvimos sexo por un complot en mi contra. Era mi ego versus la paranoia. Ganaba la paranoia.

- Mmm, raro, sí. Tus minas nunca son tan ricas…

- ¡¿Cómo que no weón?! –me chorió- ¿Y la estudiante en práctica?

- No cuenta, eras su jefe.

-Mira, Cuerina, ¿Me vas a ayudar a cachar qué mierda tiene esa mina en la cabeza?

- Eso es imposible con una mujer normal y quieres hacerlo con una puta con bichos electrónicos. Ta bien, Vamos.

Los cuadrados azules se movían en la pantalla del profesor Pérez dibujando una proyección en perspectiva.

- ¿Cómo se llamaban esas cosas?

- Esos son los módulos de control positivo, están en cada una de las conexiones neuronales. Es decir están en directo contacto con el sistema nervioso de quien las porta.

-¿Y para qué sirven?

- Eso es lo curioso. Resulta que están diseñadas bajo secuencias relativamente rutinarias para actuar sobre las nanomáquinas presentes en la piel de cada usuaria. Así, a las 9, toca exprimir los fibroblastos para producir colágeno, a las 11 potenciar la melanina antes de las horas de más sol, a la 13 limpiar el estrato papilar, todas tareas de rutina.

- Ya, ¿y?

- Bueno, esta cuestión tiene la capacidad de modificar estas tareas de rutina con algoritmos mucho más complejos, ordenes largas que resultan mucho más elaboradas, incluso…

- ¿Incluso qué?

- Incluso ha dado la orden de que las nanomáquinas en el organismo del individuo se autorrepliquen…

- ¿Cómo?

- ¡¡Los bichitos electrónicos en la piel de las minas se multiplican!! -Se había excitado bastante. Ahora era un Einstein colorado y enojón.

- Eso es harto grave, profe.

- ¡¡Claro, podría explicar perfectamente el comportamiento errático de las dermis de los sujetos que utilizan estas cuestiones!! -Seguía gritando.

- Lo malo es que investigamos sobre una mala copia de producto original, no podemos saber si BDD tiene esa función.

- ¡¡¡Pero si tú mismo dices que has visto orejas y narices moverse!!! Ahí se enojó de verdad.

- Profe, la idea es estar seguro. No especular.

- ¡Consíguete una payasá original entonces, poh weón! -Este viejo gritaba demasiado.

Comprar el sistema estaba fuera largamente de mis posibilidades económicas, podría hablar con Verónica, nos tomaríamos un café, podría darme detalles. La idea me seducía.

- Creo que podré. -El recuerdo de Verónica estrechaba mi pantalón.

Por cierto, también quedaba una miembro del grupo del Movimiento Pro Retorno de la Diosa (MPRD), que se había infiltrado en la compañía BDD. Si lograba encontrarla su información podría ayudar mucho.

-¿Sabes? Las mujeres son una cobardes -no podía creer que le dijera eso a Verónica.

- No generalices, eso es malo.

- Eso es, precisamente, una cobardía. -Repliqué poco convencido. Segunda vez que veía a esta mina y en vez de preguntarle por el sistema de belleza, le hablaba de mis relaciones, de las mujeres, de mis miedos. Por experiencia, sólo me pasa cuando me enamoro.

Estábamos en un café con mucha onda. Lamentablemente el café no era tan bueno como la pinta de las minas que atendían. Universitarias lindas, con plata, que juntan más plata para ir a retozar a Europa.

- ¿Porqué lo crees?

- Siempre me ha ido bien con las mujeres. Cuando no quiero nada con ellas, me quieren cazar. Cuando uno se enamora, “no representa un proyecto serio”. Eso es acomodaticio y cobarde.

- ¿Es cobarde sólo porque a ti no te conviene? -Sus ojos llenaban todo mi campo visual. Veía su entusiasmo, las gotas de color verde en su iris se contraían cada vez que yo decía una estupidez. Estaba dispuesta a aguantar, por lo menos un rato. Eso me enternecía. Mucho.

- Es cobarde porque las mujeres adaptan su objetivo a lo que sienten en el momento. Su credibilidad siempre es incierta -me gusta hablar como libro antiguo. Uno puede decir una burrada y suena a sabiduría.

- Si no fuera porque adapté mi objetivo cuando te vi, no nos hubiéramos acostado, tú no estarías acá, yo estaría con otro tipo y nada de esto sería. Esa es la magia de nosotras las mujeres. Dominamos el caos y movemos al mundo.

- Se paga un alto precio. ¿Por qué yo? Había tipos con mejor pinta y billetera que yo esa noche.

- Es raro. Primera vez que me pasa –de verdad era algo burda su mentira-. Pero te ví y me excité inmediatamente –burda, pero grata, acepté-, no te asocié altiro con los sueños que he estado teniendo, pero perdí un poco el control. No me importó nada, la verdad.

- Pero tú dijiste que eso te ha pasado últimamente. Eso de perder el control, de no ser tú.

- Claro es una sensación indefinida, pero no me manda a excitarme. Eso fue otra cosa.

-Yo me excito constantemente, pero no me acuesto con cada mina que merece una erección.

- Pero tú no tienes este cuerpo. –se rió. Es sorprendente como las mujeres se pueden reír en situaciones inesperadas.

- Lo importante acá es que te acostaste con un tipo que sueñas que matan. ¿Eso te pasa seguido? -Mi tono se puso duro.

- No lo supe hasta después. No lo relacioné. -Sus ojos soltaron chispitas azules.

- Es, por lo menos, raro. La gente que tiene sueños recurrentes está para la casa de la risa.

- ¿La casa de la risa?

- El manicomio.

-Mira hueón –nuevamente había pasado el límite- esto también es raro para mi, así que loca no estoy –estaba ofendida-.

- Tranquila. Lo importante acá es saber lo que pasa. Yo tengo sospechas de la empresa donde trabajas –hasta ese momento no había rebelado porqué nos juntamos en ese café de diseñador.

- ¿Qué sabes tú de eso?

- Sé que no le hace bien a las mujeres que quieren verse más jóvenes. Sé que no se trata simplemente de belleza y sé que hay muertes detrás de esto.

- ¿Muertes?

- En la escena del crimen de Isidora Purdy, la líder del movimiento de feministas tecnoecológicas, se encontró una nariz andante. Tengo en mi poder un módulo de control falso, que obtuve de un travesti muerto, cuyo mapeo digital no pasa la prueba de la blancura. Eso es otra cosa.

- ¿Un travesti muerto?

-Sí, sus orejas querían separarse de su cabeza. Como las tuyas.

- ¡Qué!

- Sospecho que las nanomáquinas en ti están tomando el control. De ti y de cada una de las mujeres que utilizan el sistema. Están convirtiendo a las mujeres en robots.

- ¡Eso es paranoico!

- No, es simple lucro. La droga perfecta, te hace dueño de voluntades ajenas. –Mis ideas se aclaraban, realmente me gusta Verónica.

En ese momento se puso seria. Entrecerró sus ojos. Sus párpados delinearon una sombra que cayó sobre su rostro. Suspiró largo y me miró.

- Yo fui miembro del Movimiento Pro Retorno de la Diosa.

Me había enamorado de una agente terrorista infiltrada.

Las elijo con lupa.

Continuará…

TODOS LOS CAPÍTULOS DE “EL GUIÑO ELÉCTRICO

1. VIDA SOCIAL

2. CRÓNICA ROJA

3. MINORÍAS SEXUALES

4. LOS HUMOS DEL ALCOHOL

5. PARA NADA PARANOIA

6. EL ÁRBOL AZUL

7. EL RETORNO DE LA DIOSA

8. TIRITONES Y TRANSISTORES

9. SOÑÉ QUE TE MORÍAS

10. AMOR TERRORISTA

11. PEQUEÑA RECETA PARA OLVIDAR

12. PDK (PORSCHE-DOPPELKUPPLUNG)

13. DIARIO DE COMBATE

14. VESTIDO CON FLORES

15. CRÓNICA DE UNA AGONÍA

16. PEQUEÑA Y OSCURA ENTRADA AL ABISMO

17. LAS SOMBRAS ESTÁN CERCA

18. CUANDO ENCIENDES LA LUZ

19. EL NOMBRE DEL CADETE

20. Dos peluquerías

21. La duración de un chispazo

22. El informe Bathory

23. Una nueva humanidad