Las tropas mutantes que siguen al Cadete revelan su macabro rostro y están a punto de quebrantar su espíritu en el capítulo 19 de “El guiño eléctrico“
por R. Marvin
Ilustraciones R. Bronson
Corrí por el sucio pasillo del departamento del Cuerina, esquivando poleras y calzoncillos tirados por los rincones. Al llegar a la pieza de mi asociado –la última del pasillo-, nuevamente lo vi. Estaba agazapado en la ventana, a punto de tirarse del sexto piso. Una figura alta, en cuclillas, sobre el borde de la ventana. Por lo menos metro noventa, flaco, con un traje oscuro y suelto del cual colgaban bolsas y vejigas. Algunas se movían rítmicamente, como una respiración agitada, otras parecían llenas, a punto de estallar.
Una suerte de mochila lo abrazaba por la espalda. Era todo negro, opaco. Excepto las lentes de sus antiparras que eran brillantes y negras, una pequeña pero nítida luz roja brillaba en sus esquinas.
Me miraba.
No parecía tener armas, sólo me miraba.
Su rostro estaba cubierto con algo parecido a una máscara antigás de la Primera Guerra Mundial. Un grueso tubo cruzaba las antiparras, parecía de respiración pero no conducía ni a su nariz ni a su boca sino que salía de entre sus ojos, recorría el contorno de su cabeza, protegida por un casco que alargaba su cabeza hacia arriba. Como un faraón.
Se dio vuelta para cambiar su objetivo hacia la calle, su vía de escape. Dieciocho metros más abajo.
Pasó tres segundos con mi imagen reflejada en esas negras antiparras y saltó.
Desapareció.
Tan pronto se fue llegó Doña Margarita, ágil hasta la sospecha, y luego el Cuerina, jadeante y asustado.
- ¿Qué pasó? ¿Qué era? -La vieja tomaba liderazgo.
- No sé bien. Algo así como… como un…
- ¡Un paco! -Enredó el Cuerina.
- No weón, era una weá rara. De negro, como pinta de milico, con máscara. Pero era raro, largo y le colgaban weás.
- ¿Le colgaban cosas, qué cosas? -La doña no dejaba oportunidad pasar.
- Mira era como un traje lleno de bolsas con líquidos, así se veía. Nunca he visto un milico así. Además flaco y alto. Y arrancó…
- Es uno de esos soldados hormonales, que menciona la Isi en su diario.
Yo no quería creer eso. Esas cosas no existen. No en Chile. ¿Paqué?
Lo cierto es que la vieja podía tener razón.
El pánico se coló por la ventana abierta detrás mio y sentí su tufo helado.
- Si es así ¿Por qué arrancó? -Trataba de recuperar mi valor con el argumento más atemorizante. – Pudo habernos matado, ¿No son tan capos? -dije, siguiendo la línea de mi teoría.
- Quizá sólo nos acechaba. Espiaba.
- Bueno, ya saben dónde estamos. Probablemente, también lo que sabemos.
- De repente vuelven. -Dijo el Cuerina.
El tufo del pánico se hizo más intenso.
Me sentí agotado, sin tiempo. Tal vez ya no aguantaría más. No quería esconderme de nuevo. No quiero que me persigan. Casi sollocé.
- Ellos saben donde estamos y lo que sabemos. Lo que saben es que tenemos cierta apariencia, nuestro look. Saben algunas cosas de nosotros. No todas.
- ¡Pero si me vieron en mi trabajo, me dejaron una cabeza de un travesti muerto en mi casa, yo creo que me ubican!
Casi grité de puro exaltado.
- Lo que no saben es que podemos cambiar.
La vieja pensaba bien.
- ¿Y qué hacemos entonces?
-Cortarles el pelo. Replicó.
Me acordé de mi viejo. De su nombre, mi nombre. El que no uso y quiero olvidar.
Era peluquero.
Ex boxeador.
Marciano.
Marciano Higinio.
Mi nombre.
El Cadete.
Recordé porqué soy el Cadete.
-Vamos. Vámonos, pero vamos altiro. -El Cuerina, asustado, es veloz.
-Vamos. Mi peluquera es como cirujana plástica. Una vez que nos cambie la pinta nos esconderemos en moteles. Hay muchos y tienen cámaras por todos lados. Quizá eso ayude. Por lo menos alguien grabará si es que nos acechan. -Meditó en voz alta la vieja.
Me imaginé a la vieja que te recibe en el motel pensando: degenerados de mierda, dos hombres poco atractivos y una vieja con pinta de cuica. ¿Cuánto les habrá pagado?
Nada.
No nos ha pagado nada.
Es que le han robado.
Le han robado una hija.
Cargamos la caja con las cosas de Isidora en el Porsche. Partimos al salón de belleza.
En el camino me di cuenta que no todas las minas ricas quieren matarme.
Algunas me sonrieron.
Quizá esto no termine mal después de todo.
Quizá vuelva a ser lo que era.
La BDD aun no tiene una penetración absoluta.
Quizá bastaría con un buen corte de pelo, fantasee.
Continuará…

21 Diciembre, 2009
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2 Comentarios en "El nombre del Cadete"
Oye ya po, y el cadete cuando se va a agarrar a mocha con los hombres licuosos?? ah?
Mi teoría es que si le tiras sal, agua hirviendo o le pones luz en forma directa puedes repelerlos.
un nuevo y gran escritor¡viva!
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