El intrépido periodista de “El guiño eléctrico” persigue la verdad entre los pantalones de las feministas tecnoecológicas en el séptimo capítulo de esta aventura
por R. Marvin
Ilustraciones R. Bronson
La sede del Movimiento Pro Retorno de la Diosa (MPRD), el eufemístico y mitológico nombre con que se autodenominaban las feministas tecnoecológicas, quedaba en una gran casona hippie en la Comuna de La Reina.
Junto con el Cuerina llegamos un martes en la tarde después de un almuerzo algo regado que nos dio valor. No cualquier hombre con fama de canalla se adentra en estos reinos sin un poco de temor.
Nos recibieron las miradas frías y llenas de rabioso estrógeno de la recepcionista -que se encontraba delante del cuadro de una bellísima Medusa con serpientes verdes y azules como cabello- cuyos penetrantes ojos azules me recordaron la experiencia en el baño del diario.
- Hola ¿cómo está? mire, soy periodista independiente –mentí- y estoy haciendo un homenaje a Isidora Purdy…
- Eso, señor, debería escribirlo una de las nuestras. De hecho ya publicamos un manifiesto. – Comenzaba a disparar propaganda mientras me extendía un panfleto mal editado, un mal de esta comuna.
Luego de explicarle lo conveniente de darle a esta figura emblemática una visión honesta “desde afuera”, cosa que me costó 45 minutos de discusión con la flaca de ojos penetrantes y agresivos, me permitió hablar con la nueva líder: CatalinaMaldonado, una lesbiana gorda y drogada, mas paranoica que yo.
- La Isidora era un mujer única, su inteligencia, pasión y energía logró conformar a este grupo, que pronto reivindicará a la mujer como líder y protectora de la tierra, castrando para siempre el dominio masculino y su ideología malsana de progreso, falsa ciencia y economía de la violación –de verdad daba miedo su discurso-, ella nos enseñó como lograrlo. – remató la gorda.
- Bueno me imagino que esa ideología la habrá traído detractores.
- ¡Por supuesto!- Casi gritó. Pero los más arteros no eran los grupos machistas, ni el cobarde gobierno, sino algunas empresas que ocupan a las mujeres como material de transacción, como moneda de cambio e incluso como recurso de explotación.
Empresas, pensé…quizá por fin estaba encontrando el hilo.
- ¿Qué empresas?
- Precisamente las empresas que buscan dar a la mujer una imagen de prostituta del sistema, las que hacen calzar el alma femenina en esta vorágine cruel de la explotación sin control ¡¡La filosofía del Apocalipsis!!
Comencé a entender que su discurso adornado me sería un escollo, casi insalvable…
- ¿Pero cuáles empresas?
- Casi todas las de cosméticos y modas, las que engañan a las mujeres, incluso esa que está de moda, ¡¡¡ese engendro que convierte a las sagradas mujeres en máquinas!!!
Por fin, me encontraba en camino.
La gorda se motivó al saber que yo compartía sus pensamientos. No era verdad, pero en esa entrevistaba ya había mentido mucho, daba lo mismo.
Me contó que al momento de su muerte, el bello perfil rampante de Isidora Purdy había logrado infiltrarse en la compañía. Dos de sus miembros habían conseguido trabajo en las oficinas de Chile de la multinacional BDD (Beauté du Diable), un nombre sospechoso oculto tras la sigla y que trataba de ser ingenioso acompañado del eslogan: “Belleza más allá de las intenciones” (Une beauté au-delà des intentions, en francés).
Una de las infiltradas, una rebelde ingeniera electrónica logró acceso a los detalles técnicos del nuevo sistema de control de la belleza. Llegó a estar lo suficiente en la empresa como para sacar algunos discos del proyecto, además de material secreto sobre las proyecciones de ventas y de la evolución futura de sus productos. Justo cuando logró entregar esos datos a su organización, enfermó gravemente. Una suerte de esclerosis múltiple galopante, que en apenas una semana convirtió a la atractiva activista en una montón de nervios sin control.
A esa altura noté que el Cuerina tiritaba.
Apenas los dudosos médicos comenzaron la ardua tarea de realizar los exámenes de rigor, la joven murió entre espasmos. Con su cuerpo, que alguna vez fue hermoso, totalmente contrahecho en la cama de una clínica pagada por la empresa donde trabajaba. El diablo sabe vengarse.
La otra activista dentro de la empresa aun no tenía novedades. Trabaja en el departamento de investigación etnográfica. Contó la gorda.
Durante esos meses las cosas se sucedieron tan veloces que las feministas se vieron superadas. Purdy trató de ampliar personalmente la investigación, pero era conocida, peligrosa, le era difícil acercarse. Gracias a sus cursos subversivos, su belleza y su inteligencia privilegiada, la hermosaIsidora logró acercarse a la verdad detrás del nuevo sistema de belleza. Pero el ego que provenía de su belleza le jugó una mala pasada, contó la gorda entre lágrimas. Adiviné que, hasta hace no poco tiempo, ellas llevaron una pugna por el liderazgo de su organización.
- Estaba cerca de encontrar un complot desde el interior de la empresa. No contó nada, pero comenzó a sentirse perseguida y no pidió ayuda. Algunas fracciones de nuestro grupo la trataron desicótica y paranoica, insistieron en que las empresas no eran el verdadero enemigo, sino el Estado, la historia y los hombres detrás de estas instituciones.
Tres días después de que la polémica líder pidiera ayuda a sus propias dirigidas, apareció estrangulada en el lugar donde encontré mi nariz viviente…
Estábamos absortos en la conversación. El Cuerina seguía tiritando y yo tomaba notas, frenético Eran cerca de las 20.00 horas ya, y de repente unos fuertes portazos nos sacaron de la idea.
- ¡¡¡Párense!!! ¡Están todos detenidos!
Un contingente de fuerzas especiales de Carabineros nos apuntaba con fusiles. Me di cuenta de que probablemente necesitaría la ayuda de mi colega de policial, una vez más.
Continuará…

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