Continúa el misterio del hipertecnológico nuevo sistema de belleza en “El guiño eléctrico

por R. Marvin

Ilustraciones R. Bronson

Partí corriendo a mi casa. Desde que me mordió un perro a los quince años que no sentía ese pavor. Correr y desdoblarme por miedo: Sentía que me elevaba, mientras mis pies seguían golpeando la calle cada vez más rápido.

Cuando cerré la puerta de mi departamento, estaba helado, sudado y con mareos. Miré hacia el escritorio y la ví. La nariz empañaba por dentro el frasco de mermelada: era el recordatorio paranoide de las porquerías en que estaba metido. Ni un saco de mariguana me iba a hacer olvidar este macabro asunto de mujeres tecnodopadas y apéndices independientes…

Pero ¿metido en qué? En rigor, mi participación era tangencial, lejana. La verdad es que la única persona que conocía que tuviera de mascota una nariz rinoplastizada, y lo escucharan orejas andantes era yo. En otra época hubiera tachado de idiota paranoide a quien contara cosas semejantes. Pero esta vez era yo el idiota.

Me dio más miedo aun sentir le respiración de mis miedos a mi espalda. Corrí hacía la luz del refrigerador y tomé la última botella de cerveza que quedaba. No fue el alcohol, sino los gases los que lograron relajarme.

En una libreta usada me puse a hacer gráficos enredados sobre lo que había visto, oído y alucinado:

Primero: Me pareció sospechosa la tecnología para hacer ricas a las viejas de cueros raídos.(“La humanidad es como es. No se trata de cambiarla, sino de conocerla”, Flaubert).

Segundo: luego, en casa de una amiga encontré -en el baño de su rica señora madre- un oreja que me oía y seguía… (“La libertad de expresión es decir lo que la gente no quiere oír”; George Orwell).

Tercero: En un extraño asesinato encontré una nariz olisqueante, la que tengo en el frasco de mermelada… (“En política se está en contacto con la mugre y hay que lavarse para no oler mal”. Ehhhh, un político español).

Por las citas entendí que aun estaba ebrio… una tendencia pedante que me viene aveces.

Cuarto: hace poco rato atrás, un travesti gordo y pelirrojo murió a mis pies… (creo que murió), mientras agonizaba, otro travestido le sacó algo muy similar a una central de control del cuello. Lo más probable es que fuera una mala copia del sistema de belleza Las orejas del travesti moribundo, aletearon. ¡Juro que para separarse de su cuerpo! Me acordé y de nuevo comencé a sentir miedo.

Miraba alternadamente mis nerviosos apuntes y la nariz que empañaba el vidrio del frasco cuando sentí pasos en la escalera. Como no soy detective, no tenía una pistola que blandir, pero a cambio de eso agarré una botella de vodka vacía en la derecha y una cámara de fotos (para dejar registro de mi lucha, pensé en medio del tufo de copete que nublaba todo) en la zurda y esperé.

Los pasos se acercaban lentamente, pesados. Se trataba sin duda de un gordo con zapatillas: el parquet chirriaba cuando la goma friccionaba el suelo. Tras tres golpes en la puerta me puse frenético.

- ¡Abré weon, hace rato que te ando buscando! – Era la voz de ebrio del “Cuerina” Martínez

- ¡Chucha! Pasa.

- ¡Weón, hay un travesti guatona muerta sin orejas como a tres cuadras weón! – Gritó, bastante histérico como para andar borracho. En la mano tenía su cámara con un tremendo lente que, sospeché que ocupaba para hacerse el profesional cuando le sacaba fotos a las promotoras de mala muerte de los eventos. En la otra mano sostenía una cinta de unos 30 centímetros que chorreaba sangre, unos hilitos finos le daban aspecto de columna vertebral. Tenía, además, una cajita negra con caracteres chinos: Made in The People´s Republic of China.

¡Hasta los chinos están metidos! Pensé asustado, porque uno sabe que donde hay chinos hay cosas raras, muy raras. Tras pegarme un pencazo de la petaca del “Cuerina”, me di tiempo de ordenarme: Ahora por lo menos seríamos dos.

Mi colega y amigo fotógrafo, borracho, se sentó en la mesa del comedor. Tiritaba un poco y comenzó a picar los restos de pichanga de mi desayuno, tenía el hambre que da al final de la noche a todo buen curado. Eso me tranquilizó. Recordé las tallas con los colegas del diario “El Top” y de las bromas que nos jugábamos, comencé a sonreír de a poco y se me ocurrió prender un cigarrillo, use el encendedor que guardo del tiempo del colegio, y acerqué la llama al cigarrillo. En ese preciso momento en que uno sigue con los ojos la llama tratando de hacerla coincidir con la punta del cilindro de nicotina, vi de reojo al “Cuerina”: estaba pálido y abría sus ojos revueltos de curado

- Mira wón! – Me dijo con un voz agarrotada que me llenó de espanto.

Afuera de mi ventana, mirándonos, estaba la cabeza sin orejas del maldito travestido, su lengua colgaba roja y asquerosa de sus labios superpintados.

Continuará

TODOS LOS CAPÍTULOS DE “EL GUIÑO ELÉCTRICO

1. VIDA SOCIAL

2. CRÓNICA ROJA

3. MINORÍAS SEXUALES

4. LOS HUMOS DEL ALCOHOL

5. PARA NADA PARANOIA

6. EL ÁRBOL AZUL

7. EL RETORNO DE LA DIOSA

8. TIRITONES Y TRANSISTORES

9. SOÑÉ QUE TE MORÍAS

10. AMOR TERRORISTA

11. PEQUEÑA RECETA PARA OLVIDAR

12. PDK (PORSCHE-DOPPELKUPPLUNG)

13. DIARIO DE COMBATE

14. VESTIDO CON FLORES

15. CRÓNICA DE UNA AGONÍA

16. PEQUEÑA Y OSCURA ENTRADA AL ABISMO

17. LAS SOMBRAS ESTÁN CERCA

18. CUANDO ENCIENDES LA LUZ

19. EL NOMBRE DEL CADETE

20. Dos peluquerías

21. La duración de un chispazo

22. El informe Bathory

23. Una nueva humanidad