¡Un nuevo capítulo de nuestro folletín semanal! narices autonomas sueltas en la ciudad!

por R. Marvin

Ilustraciones R. Bronson

El tibio tacto de la nariz en mi mano (hubiese jurado que aun respiraba, pero lo calculé imposible) era húmedo y casi agradable. A un costado, la activista muerta mantenía en su lugar la atractiva nariz aguileña que siempre marcó su decisión y carácter.
Haciendo alarde de capacidad deductiva, comprendí que la nariz que olisqueaba las servilletas usadas del bolsillo de mi paletó, no pertenecía a la valiente defensora de los derechos feministas ecológicos, sino que debía ser de una testigo presencial. Olfativamente hablando por lo menos, o bien, quizás, de la culpable.
Buscar una mujer sin nariz no es una tarea rutinaria. Pero comprendí que es menos común aun que, en menos de tres semanas, se me aparecieran dos apéndices sensitivos andantes. Para la segunda oportunidad había aprendido: a diferencia de la noche de la oreja caminante, me llevé la nariz. Quizá, con suerte, podría hacer un bonito llavero.

A pesar de lo que muchos pueden creer, la prensa tiene una capacidad muy limitada de investigación. A lo sumo se reduce a leer mucho y tratar de encontrar conexiones en documentos y textos a los que todo el mundo tiene acceso. En la página de la multinacional de belleza que mantiene el monopolio del nuevo tratamiento, me respondieron que en sus pruebas jamás se habían encontrado casos de desprendimientos de apéndices, menos aun, de movimientos independientes.
“Las nanomáquinas controladas por la central epidermodigital se disuelven en el sistema linfático al séptimo día de perder la señal de su gestionador electrorraquídeo…” apuntaba el manual de estilo de la jefa de prensa de la empresa. En chileno, implicaba que la nariz debería dejar de oler, más o menos, en unos días más.

A la mañana del sábado siguiente, en el frasco de mermelada en que dejé el ejemplo de rinoplastía respingada, ésta seguía respirando. Ese mismo día vi en un canal francés, que un pequeño humorista de varieté, del tipo Eurovisión, mostraba su curiosa coreografía de orejas danzantes. “¡Encore une démonstration de la technologie incroyable robotique actuelle! ¡un applaudissement!”, decía el tipo de la tele. Probablemente tenía más razón de lo que creía.

La televisión europea me da sed, así que partí a mi bar favorito. Dejé la nariz respirando los nunca gratos vapores de mi habitación y partí pensando en mi pauta de trabajo que aun no me permitía investigar con mayor profundidad por qué esta segunda nariz (ya la llamaba mía, porque uno siempre genera cierta emotividad con las cosas vivas) aun respiraba… u olía, estando separada de su respectiva cabeza. Era algo muy raro.
Ya en el bar, uno de mis compañeros de cerveza, el fotógrafo Telésforo “Cuerina” Martínez, me asustaba:
- Te andan sapeando won. Y voh como te creís Kojak, creís que vai a pillar algo, ¡a voh te sapean por sapo! – me decía con sus ojos revueltos.
La convicción de un ebrio puede ser fuerte, todo el que bebe lo sabe, por eso me comencé a asustar. Cuando llegó la tercera cerveza de litro, estaba frío de miedo. Pedí Jim Beam…solo.

Cuando se me pasó el susto a punta de whisky me fui caminando a mi departamento. Estaba algo ebrio y me costaba enfocar. Los travestidos en las esquinas se amontonaban con sus voces de gallina de mono animado y cacareaban las ganas que tenían de que les tocaran sus usados culos. Traté de pasar por su lado sin mirar: Como las gitanas, los travestidos consideran cualquier mirada como un gesto derecho e inequívoco para establecer comunicación. Por eso traté de esconder el movimiento errático de mi cuerpo y fijé la mirada en el suelo. Hasta que noté un ruido sordo y pesado a mi lado.

La sorpresa fue más fuerte y miré. Un travesti gordo y con el pelo rojo se hinchaba y tornaba su cara en una grotesca -pero muy a tono-, combinación de saliva, rictus de angustia y mofletes colgando. Algo así como un payaso con ataque de epilepsia. Los gritos del grupo de hombres-mujeres llenaron la calle y uno de ellos, el más alto, se dirigió decidido hasta el cuello de la gorda en problemas. De un tirón sacó una suerte de collar y, con él, desprendió una cosa del porte de una caja de fósforos llena de raíces sanguinolentas. Las convulsiones cesaron y el gordo de minifalda quedó tirado sobre la vereda “¡¡Eso le pasa por comprarse weás falsas!!”, exclamó con voz de tony y con el collar de hilos sangrantes en la mano con pose triunfal, como si blandiera una espada. Una imponente imagen a la luz de la iluminación municipal…
Pasó un rato y el proyecto de mujer no se incorporaba, sus amigas de taco alto gritaban como en un concierto de Miguél Bosé, pero con menos ritmo. Luego de un rato en el que mi presencia apenas fue notada, el grupo de travestidos comenzó a sospechar de la muerte y de mí.
- ¿Y qué hace ese flaco ahí? –preguntó la de voz de Tony- ¡ese anda puro sapeando- Azuzó uno que estaba mejor que muchas colegas periodistas
- Sólo paseaba por acá, me dio impresión -Contesté lo más simple posible.
- ¡Ya! –el Tony- ¡salta nomah! ¿¡no ví que esto es asunto de minas!?
- Ya tranquila. Si me voy, ando curao.
Justo cuando empezaba a caminar entre esos senos de silicona y barbas cubiertas de maquillaje, miré nuevamente al gordo pelirrojo de mini que seguía tirado. Habían pasado unos 10 minutos desde que había llegado al lugar y detrás de su peluca vi que sus orejas aleteaban lentamente. En mi ebriedad me dio risa (pensé en Dumbo en la escena borracho), pero pronto el vértigo de la revelación me llenó de pánico ¡sus orejas intentaban alejarse de su cabeza!

Continuará…

TODOS LOS CAPÍTULOS DE “EL GUIÑO ELÉCTRICO

1. VIDA SOCIAL

2. CRÓNICA ROJA

3. MINORÍAS SEXUALES

4. LOS HUMOS DEL ALCOHOL

5. PARA NADA PARANOIA

6. EL ÁRBOL AZUL

7. EL RETORNO DE LA DIOSA

8. TIRITONES Y TRANSISTORES

9. SOÑÉ QUE TE MORÍAS

10. AMOR TERRORISTA

11. PEQUEÑA RECETA PARA OLVIDAR

12. PDK (PORSCHE-DOPPELKUPPLUNG)

13. DIARIO DE COMBATE

14. VESTIDO CON FLORES

15. CRÓNICA DE UNA AGONÍA

16. PEQUEÑA Y OSCURA ENTRADA AL ABISMO

17. LAS SOMBRAS ESTÁN CERCA

18. CUANDO ENCIENDES LA LUZ

19. EL NOMBRE DEL CADETE

20. Dos peluquerías

21. La duración de un chispazo

22. El informe Bathory

23. Una nueva humanidad