Una silenciosa conspiración para controlar a las mujeres del mundo se teje tras las cortinas de dos oscuras multinacionales. Todos los detalles de la avaricia militar en el 24º capìtulo de “El guiño eléctrico“
por R.Marvin
Ilustración de R. Bronson
En el escritorio de piedra caliza negra, con cubierta de cristal, se amontonaban los informes sobre el desarrollo de los métodos de control hormonal, factibilidad biológica del uso de nanomáquinas y desarrollo de fuerzas especiales privadas: Ejércitos privados para compañías transnacionales.
-El punto de desarrollo del proyecto Condesa Bathory es altísimo. Su gran costo, insostenible bajos los ítemes de gastos actuales, hace imperativo una aplicación práctica en el mercado lo antes posible. Hay que hacer rendir a los muertos…
Detrás de una holgada corbata rojo vino de seda italiana, el presidente de la Skunk Research, ladraba exigiendo rédito de la alianza hecha con una transnacional que fabricaba cremas de belleza. Red Aldrin, era el perfecto estereotipo de un halcón, un duro americano fascista.
Detallar la cantidad de imposibles para que un capitán de artillería llegue a CEO de una corporación fabricante de armas de alta tecnología, no es posible. Solo es un hecho de la vida.
-Ya hemos pensado en eso…
Le contestaba sentado en una imponente silla que dominaba el escritorio de piedra caliza, Rabíh Chabraja, su contraparte en la multinacional cosmética BDD (Beauté du Diable). El jefe de todos, incluido Pérez Mathissen, el CEO de BDD para Sudamérica y el Caribe.
Con un movimiento breve, hizo sonar el taco de sus zapatos, el brillo del cuero pulido vibró con el sonido.
-Hay claras posibilidades de comercializar un línea de belleza con nanomáquinas. Sobra decir la confidencialidad que requiere este tema.
También las improbabilidades estuvieron del lado de Rabih. Un tímido estudiante de Bangladesh no llega a CEO. Es CEO.
- Las pruebas de campo con el proyecto Bathory han dado la experiencia suficiente. La necesidad de control de los operadores de las fuerzas de tarea, nos llevó a desarrollar equipo microscópico muy avanzado. Podemos controlar el oxidación mitocondrial.
Aldrin, que sabía más de muertos y alianzas estratégicas que de biología, lo miraba pasmado.
- A control remoto -añadió Chabraja.
“Como los misiles” pensaba veloz Aldrin. “Algo conocido”.
-Me parece. Cuénteme más, por favor. Lo dice un hombre acostumbrado a no pedir favores.
-Como concepto integral y primario: podemos intervenir, mediante manipulación a nivel nano, la mayor parte de los procesos biológicos. Vitales, incluso.
“Vitales…” esa palabra le sonaba a Aldrin.
-Podemos hacer lo que queramos en una mujer. Incluso cambiar de manera dinámica su fenotipo. Crear un tercer pecho, doble vagina o dos bocas. Las pruebas son concluyentes: lo que queramos.
-¿Y los hombres? Aldrin preguntaba por reflejo.
-Los operadores Circe demostraron la alta compatibilidad de hormonas femeninas y el uso de nanomáquinas. Las hormonas asociadas a los hombres, generan agresividad y descontrol. No existe explicación…. A este nivel la naturaleza suele ser más misteriosa.
Rabih acariciaba un retorcido Bonsai con una sonrisa.
-¿Qué es lo que va a vender? -Le estaban sacando mucha ventaja, Aldrin necesitaba ser directo.
-Belleza eterna. No en vano el primer desarrollo se llamó Bathory.
“Ese nombre….” Nunca quiso preguntar, todos parecían entenderlo. Aldrin se disolvía en sus pensamientos.
-En pocas semanas se lanzará a nivel mundial el primer sistema de belleza mediante nanomáquinas. Incluye una unidad de control remoto.
-¿De cuanto hablamos?
-En unos 15 años el 90% de las mujeres de occidente estarán utilizando el sistema. Conectadas. Medio Oriente y África son las excepciones. En cualquier otro lugar la penetración será alta.
Aldrin no escuchó hablar de millones de dólares, tampoco euros o activos ni participación. El tipo con pinta de Mahatma, detrás del escritorio, hablaba de mujeres.
-Un ejército poderoso, ¿no cree, señor Aldrin?
Para ocupar su puesto se necesita un poco de credulidad. En sus años en la corporación había escuchado de misiles “dispara y olvida”, agentes que provocan metástasis en cuatro días y clones de animales explosivos. “Es un circo de variedades” le gustaba pensar.
Esto lo superaba. “Mujeres”.
Ojala Nancy no se enterara. Nuevamente pensaba por reflejo.
-¿Qué aplicaciones le ve?
-Es difícil de precisar. Pero queremos aprovechar al máximo las posibilidades del producto. Al máximo.
Cuando la Skunk se involucró en el desarrollo de comandos hormonales no se habló de mujeres. Aldrin trataba de no demostrar ni su sorpresa ni su pavor.
-Al máximo. -Repitió con el tono neutro de una máquina contestadora.
-Verá -Chabraja se acomodó en su asiento con la clara intención de exponer algo que requeriría toda su paciencia- en BDD creemos firmemente en que la belleza femenina está muy relacionada con el poder.
Para sus adentros Aldrin rió: claro, cómo si él no lo supiera. 55 años y todas, absolutamente todas las mujeres con las que había estado se habían aprovechado de él. La risa desapareció. Por lo menos era lo que sentía. Si lo pensabas bien, no era muy chistoso, más bien atemorizante…
-Ya lo creo, es cosa de conocer a mi señora, Nancy… era dueña de una gran belleza, ahora lo que tiene es poder sobre mi. -Trataba de sonreír, pero le salía forzado. Jamás había sido un buen jugador de póker.
-Bien, ahora ese poder puede ser propiedad de la BDD…
Aldrin lo miraba inquisitivamente.
-Y claro, de la Skunk. Chabraja sonreía nuevamente tras su asiento.
Aldrin ya se sentía seguro. Era parte del plan.
Continuará…

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