El amanecer más extraño de este intrépido periodista en el 9° capitulo de “El guiño eléctrico

Por R. Marvin

Ilustraciones R. Bronson

A esas alturas me importó poco. Ya estaba ahí y tenía que hacer lo mío. Sin dejar de apretarla fuerte contra la pared la desvestí mientras pensaba en tres cosas: 1: debería ponerme condón. 2: hace tiempo que no me acostaba con una mina tan, tan buena, me pasé. 3: las nanomáquinas desde hace un par de años son los más eficientes anticonceptivos.

- Fuerte, rápido, pedía ella, con gemidos cortos.

- Ya verás. Después no te quejes – farsantié.

- Dame, Cadete. ¡Dame fuerte!

Sin dejar de desvestirme, desvestirla y presionar sus caderas, recordé que no le había dicho mi nombre, menos mi mote.

- ¿Y tú gracia es? ¿Te llamas?

- Si te lo digo es para que lo ocupes…

- Vale, te llamo apenas pueda ¿Cómo te llamas?

- Verónica – su voz sonó metálica entre los jadeos.

- Bueno Vero, es un placer – y la penetré fuerte y rápido. A las minas hay que sorprenderlas.

Fiel a mi estilo, hice alarde de mi experiencia, sin decir ni una palabra.

La tomé con fuerza y la llevé con la polla dentro hacia el escritorio donde estaba mi viejo computador. La apoyé duro contra una pared para hacerle sexo oral, su sabor era intenso, agrio, eléctrico.

Cuando finalmente me fui, luego de haber salvado mi honor (pueden decirme borracho y ladrón, jamás impotente), la llevé suavemente hasta mi cama.

El momento preciso en que te das cuenta de lo que puede pasar con una mujer es justo después de un orgasmo. Si acabas y después quieres que ella se largue rápidamente, no es más que un trozo de carne a tu lado. Si quieres abrazarla y descansar en ella, las cosas pueden seguir, ponerse peligrosas y eventualmente, perder la vida que tengas construida.

Con ella podría dormir por décadas.

Mientras su respiración se hacía más lenta, me alegré de por fin dormir. Entraba brisa tibia y sentía el grato el contacto con la piel de Verónica, Vero, pensé mientras me quedaba dormido. Una mujer que te gusta te hace ver lo cansado que estás.

Un sonido extraño me despertó a mitad de la noche.

Me di vuelta para mirar a Verónica. Vero, sonreí. Soy capo, me felicité.

Ruidos extraños, como tos de perro se acompañaban unos ligeros aleteos rítmicos. Cuando giré vi con terror que era Verónica. Su perfil recortado en la oscuridad, soltaba pequeñas chispas azules desde sus ojos abiertos. Sus orejas aleteaban ligeramente mientras se pasaba, frenética, las manos por la cabeza. Emitía ruidos ahogados, como alguien que quiere despejar la garganta, como alguien que quiere gritar y no puede. A pesar de la actividad visible estaba completamente dormida.

- ¡Verónica!

- ¡¡Kkkjjjghhhh!! – es horrible ver a una mujer bella desencajada, babeante y emitiendo ruidos guturales.

- ¡Verónica! – No despertaba. Obviamente las nanomáquinas que llevaba no sólo liberaban progesterol en sus ovarios. Los ruidos que hacía aumentaban y parecía que pronto iba a vomitar una gran bola peluda.

- ¡Verónica!

Sus ojos por fin se cerraron y cesó el halo azul y las pequeñas chispas que se veían atravesar su iris. Comenzó a toser.

- ¡Estabas rarísima! – Ahora era yo el que estaba algo descontrolado.

- ¿He? no sé, estaba soñando cosas raras. Estabas tú, muerto.

Se iba a la basura mi posibilidad de dormir bien.

Amaneció con ruidos de micros y sudor en las sábanas.

Las confesiones de Verónica comenzaron con su edad. Tenía 15 años más de lo que aparentaba. Eso la dejaba en unos abundantes 42. Realmente parecía una exitosa mina rica recién salida de la Universidad. Fue una de las primeras en comprar el sistema de belleza con nanomáquinas, a estas alturas llevaba cerca de dos años echándose bichitos en la cara.

- Estaba a punto de empezar a ponerme fea – dijo con sus claros ojos borrados por las lágrimas.

- Comencé con el tratamiento y a utilizar las cremas que te dan. Al principio es algo muy normal, casi como la crema lechuga. Con la mención de ese menjunje de vieja demostró su verdadera edad.

Como fue de las primeras le ofrecieron trabajar en la compañía. Sus estudios en marketing la ayudaban y el ser tan rica, era un plus. “aquí predicamos con el ejemplo”, le dijeron en BDD.

Mientras me contaba hice café y me vestí.

- El sistema funciona perfecto, mírame, pero causa una sensación increíble de inseguridad, de no certeza. Soy exitosa, tengo las cosas claras, me va bien en todo, pero siento que no soy yo la que elijo. No soy yo. Nunca.

Era imposible no conmoverme con esa belleza desconsolada en mi cama. Apenas cubierta con una sábana. Pero era una de ellas. Sin darme cuenta ya tuve sexo con una de ellas. Ese pensamiento me puso a la defensiva.

- Tú sabías mi nombre.

- Pero si me lo dijiste, ayer, en el bar.

Nunca digo mi nombre, todavía me da vergüenza.

-Es posible, pero me llamaste por mi apodo. A ti te enviaron ¡Alguien te mandó a estar conmigo!

- ¡Mira huevón! ¡Salió fácil y me gustaste, no soy puta y tú tienes suerte, no me vengas con que me mandaron, si tú tienes problemas a mi no me metas!

Siempre es sorprendente cómo las mujeres acomodan la situación para quedar en supremacía moral. Ahora yo era el malo.

- No es eso, no tiene nada que ver. – ¿Qué le iba a decir? ¿Qué me persigue su corporación por sapo? –Sólo que es sospechoso.

- Sólo nos acostamos, no tiene derecho de tratarme como una puta. – Dijo en un nuevo ataque de llanto.

-Cuéntame de tu sueño, ¿yo muerto? De curado debió ser. – El humor es el salvavidas del hombre.

- Lo raro es que lo vengo soñando desde antes de conocerte. Ayer te ví, me gustaste, me calentaste, yo no suelo acostarme con un tipo la primera noche, soy caliente, pero esta velocidad… eso no me pasa.

- ¿Cómo que soñaste conmigo antes, y muerto?

-Claro, en mi sueño estás tú corriendo. Un pasillo celeste, limpio y frío. Tratas de mantener la calma, pero sabes que están detrás de ti. Justo antes de despertar caes, no se oye nada, no se ve nada, sólo te caes. Giras en un espasmo y te desplomas con un agujero en tu cabeza. No siento pena, sólo sé que estás muerto.

Me acordé de un chiste que empieza con “Soñé que te morías…”

Continuará…

TODOS LOS CAPÍTULOS DE “EL GUIÑO ELÉCTRICO

1. VIDA SOCIAL

2. CRÓNICA ROJA

3. MINORÍAS SEXUALES

4. LOS HUMOS DEL ALCOHOL

5. PARA NADA PARANOIA

6. EL ÁRBOL AZUL

7. EL RETORNO DE LA DIOSA

8. TIRITONES Y TRANSISTORES

9. SOÑÉ QUE TE MORÍAS

10. AMOR TERRORISTA

11. PEQUEÑA RECETA PARA OLVIDAR

12. PDK (PORSCHE-DOPPELKUPPLUNG)

13. DIARIO DE COMBATE

14. VESTIDO CON FLORES

15. CRÓNICA DE UNA AGONÍA

16. PEQUEÑA Y OSCURA ENTRADA AL ABISMO

17. LAS SOMBRAS ESTÁN CERCA

18. CUANDO ENCIENDES LA LUZ

19. EL NOMBRE DEL CADETE

20. Dos peluquerías

21. La duración de un chispazo

22. El informe Bathory

23. Una nueva humanidad