“El Cadete” se encuentra piel a piel con sus miedos en el octavo capítulo de “El guiño eléctrico

por R. Marvin

Ilustraciones R. Bronson

Sentí la última patada en mis costillas y quedé tendido. Al Cuerina se le escuchaba la respiración pesada: también le habían aforrado. La gorda gritaba sobre derechos humanos e injusticias y el capitán Mena, del Gope gritaba:

- ¡Inteligencia tiene información que permite afirmar que este grupo vulnera la Ley de Seguridad Interior del Estado, con acciones y actitudes subversivas! – Se me vinieron a la cabeza otros tiempos.

- Por eso, su afiliación a esta organización construye prueba inculpatoria – menos mal que no he pagado las cuotas, pensé.

Grandes camiones 4×4 blindados nos esperaban afuera. Si me hubieran dicho que ese día iba a terminar a oscuras rodeados de mujeres, probablemente hubiera sonreído.

Cuando llegamos al cuartel nos separaron para siempre de las 34 activistas detenidas. De los programas de hackeo incautados, del material subversivo y las armas que el paco dijo que teníamos, nunca vimos nada. En la prensa ni un breve los consignaba, pero eso era cosa de todos los días.

El colega de policial me pasó a buscar a la comisaría de calle Chiloé al otro día, por suerte el Cuerina y yo estábamos limpios. Ni siquiera habíamos pinchado con alguna de esas feministas tecnoecológicas. Pero ellas, quedaron adentro antes de contarme todo. Lo que sabía era que el Movimiento aun tenía una infiltrada en la empresa.

Nos pasó a buscar el colega de policial y nos llevo con el Cuerina a comer tallarines a un local de Franklin.

Le pregunté si era tan fácil que los pacos desplegaran ese poder por un grupo que pintaba flores en las paredes.

- Mira, pasa…Hay un grupo de elite del GOPE, se hacen llamar los Mambas, porque les gustaba G.I.Joe cuando chicos, se entrenaron en Corea del Sur, gracias a los viajes de Frei y el negocio de los autos… Bueno, este grupo se latea.

Con el Cuerina nos miramos, imaginando que lateado significaba jugar pin pon.

- No. Se “latea” de otra manera. Con la disolución de los grupos terroristas separatistas, que surgieron primero en el sur y luego en el norte, este comando especializado se fue a jugar flipper a sus cuarteles.

- A ese tal capitán Mena se le ocurrió que podría mantener a sus hombres en acción haciendo trabajitos para grandes empresas. Nunca particulares, porque mandar a matar un perico es muy FOME pa`ellos. Mira “Cadete”, a mi me tinca que esta operación pudo ser una de esas.

- ¿Y qué les van a hacer a las minas? – pregunté, de verdad preocupado.

- No cacho. Eso es lo que da susto de que hayan entrenado en Corea.

Dudo que el Movimiento Pro Retorno de la Diosa haya tenido infiltradas muchas empresas, no era probable por lo menos. Quien había pagado por este “trabajito” había sido la BDD. Pero yo estaba afuera, y pensé que en la transnacional sabían de mi. ¿Acaso no me habían detectado? ¿Por qué estaba comiendo tallarines en un local lleno de curados, si una transnacional quería silenciarme? ¿Querían silenciarme?

Me entró el pánico y sentí que la empresa me miraba desde todos lados, que cada punto de fuga era un hilo que transmitía mis movimientos, mis pensamientos, mis intenciones.

Pero ya era hora de descansar después de ese día intenso. Quedamos con el Cuerina de juntarnos al otro día para ir a ver al profesor Pérez por si había sacado algo en limpio. Había pedido una semana libre en el trabajo aunque me tincaba que teníamos menos tiempo.

Partí a mi departamento. Hablé al diario y ya habían tramitado mis vacaciones. Tenía dos semanas libres. Era una lástima no poder ir al norte como planeaba a ver a mi viejo que se podría entre libros y fotos viejas.

Me quedaba plata así que pasé a un bar cerca de mi casa cuando eran casi las ocho de la noche y los últimos oficinistas se apuraban para llegar a ver teleseries a su casa. Varios satelizaban en torno a bares que ofrecían “ahogar las pegas”: un happy hour más agresivo para empleados de multinacionales apunto del suicidio.

Sólo una piscolita. Lo pensé y ya estaba en un sillón verde agua, frente a una barra de hormigón y un barman de dudosa sexualidad pero envidiable “onda”. Iba a pedir la tercera ronda, cuando siento un roce la espalda de mi camisa. No es que algo me hubiera rozado, sino el sutil movimiento del algodón en mi espalda marcaba que mi camisa se había movido.

Al lado se sentó una mina increíble. Alta, de mi altura descalza, desnuda. Pinta de tener mejor puesto que varias ejecutivas de cuenta. Una falda no muy corta pero ceñida, gris perla, dejaban ver una tiernas rodillas bien dibujadas, pequeñas, que marcaban el inicio de la curvatura firme y acentuada de sus pantorrillas, que hacia abajo se hacían más delgadas para terminar en tobillos perfectos justo antes de comenzar sus zapatos de taco alto. Eso fue lo primero que vi.

El resto, por una coincidencia diabólica, era perfecto. Su cintura pequeña, se separaba un poco de la falda afirmada en sus caderas, suaves y marcadas. Una blusa blanca, ligeramente húmeda por el día de trabajo, marcaba sus tetas pequeñas pero muy paradas, de pezones urgentes. Tanto que se notaban bajo las copas de sus sostenes. Una chaqueta ligera escondía parte de su pelo, castaño canela, liso, brillante y cortado a la antigua: muy parejo.

Cuanto terminé de pensar esas cosas y la erección hacía sonar las monedas en mis bolsillos, ella habló.

- ¿Me prestas fuego?

- Siempre.-mientras más nervioso, más canchero.

Cuando encendí su cigarro le vi sus ojos grandes y verdes con reflejos oscuros. Joven y rica, seguro le fue bien en la universidad.

Cuando comenzó a hablarme cerca del oído y sentí su aliento humedeciendo mis pelos, supe que nos acostaríamos. Pronto.

Cuando nos subimos al ascensor fui directo. Puse mi mano en su entrepierna y sentí sus medias húmedas y el espacio de su vagina, ya empapada y abierta. Apretó sus muslos en torno a mi mano. La sentí vibrar; desde adentro.

Tenía una sorprendente combinación rítmica de gemido y contracciones. La tiré contra un mueble de cocina y la empalmé fuerte, como para desarmarle la ropa.

Le metí mano y no esperé mucho para penetrarla.

Me apretó fuerte, se iba al primer empeño, sus brazos delgados se convirtieron en garras, fuertes, aguzadas. Suspiraba y sudaba.

Me acordé del condón, aun estaba a tiempo…

- Heeee, ¿Y tú? ¿Te cuidas?

- Claro -sonrió- nanomáquinas -Guiñó un ojo con un leve chispazo azul.

Continuará…

TODOS LOS CAPÍTULOS DE “EL GUIÑO ELÉCTRICO

1. VIDA SOCIAL

2. CRÓNICA ROJA

3. MINORÍAS SEXUALES

4. LOS HUMOS DEL ALCOHOL

5. PARA NADA PARANOIA

6. EL ÁRBOL AZUL

7. EL RETORNO DE LA DIOSA

8. TIRITONES Y TRANSISTORES

9. SOÑÉ QUE TE MORÍAS

10. AMOR TERRORISTA

11. PEQUEÑA RECETA PARA OLVIDAR

12. PDK (PORSCHE-DOPPELKUPPLUNG)

13. DIARIO DE COMBATE

14. VESTIDO CON FLORES

15. CRÓNICA DE UNA AGONÍA

16. PEQUEÑA Y OSCURA ENTRADA AL ABISMO

17. LAS SOMBRAS ESTÁN CERCA

18. CUANDO ENCIENDES LA LUZ

19. EL NOMBRE DEL CADETE

20. Dos peluquerías

21. La duración de un chispazo

22. El informe Bathory

23. Una nueva humanidad