Los millones del general iraquí que llegaron por azar a manos de Flavio atraen enemigos como moscas. Ya no pueden confiar en nadie… de esta tierra. En el 9° capítulo de “Perseguida“
Por Malva Chacana
Fotos: Francisco Pardo y Cristián Piwonka
Fueron tensos minutos antes de que partiera la Alejandrina. Nos habíamos subido cuando aún faltaba media hora para el zarpe y analizábamos a cada nuevo pasajero. Si aparecía el chino estábamos perdidos, no podríamos arrancar, capaz que termináramos en el fondo del mar alimentando jaibas. Pero ningún oriental se subió.
El recorrido sonaba a canción: Aguirre, Cisnes, Gaviota, Tictoc, Raul Marín, Melinka, Quellón. Teníamos que bajarnos antes de Quellón, nos había quedado claro con el último encuentro, que en las ciudades nunca estaríamos seguros, por lo que la consigna era perderse de nuevo.
Nos bajamos en Gaviota después de dos días y medio de tranquila navegación en que nadie nos dirigió la palabra. Gaviota era un pueblo triste, poco más que una caleta, quedaba en una isla boscosa y oscura, del lado de la sombra. Nos quedamos en una pensión roñosa, con camas azumagadas y un extraño olor a encierro.
Todos los habitantes eran parecidos: silenciosos y oscuros, con pinta de sobrevivientes, más apagados que los habitantes de Tortel.
Dos días después apareció un argentino por la pensión, parecía conocido de los dueños. Era un tipo alegre y vestido con tecnología como Flavio, perdón, Alberto Movillo. Nos contó que trabajaba en las termas de Puyuhuapi, huevá que yo jamás había oído pero Flavio parecía absolutamente al tanto.
- ¡Uuuh! ¡La raja! ¡Ese lugar es la raja Mariela! ¡Es un hotel de lujo increíble en la mitad del bosque!
- Si che, es maravilloso, llega gente de todo el mundo y el lugar es fabuloso. Y ¿En que andan ustedes?
- Conociendo. Nos tomamos un año sabático para recorrer.
- ¿No necesitan trabajar por casualidad? Siempre estamos cortos de personal, sobre todo para la recepción y el restaurante. Cuesta encontrar gente que se quiera ir a instalar allá y que sea más o menos educada, no cualquier pelagatos ¿sabes?
Nos miramos tratando de comunicarnos con la mirada, sin mover los músculos de la cara. Sonaba como el escondite perfecto, un lugar seguro y controlado en el que podríamos tener una función anónima y nuestra condición de santiaguinos no sería un imán de miradas.
- Nos quedaría super bien –dije para dar alguna señal.
- No nos vendría mal apuntalar un poco el presupuesto de viaje.
- ¡Excelente, che! Yo traje un motor a reparar, mañana se supone que está listo y me vuelvo inmediatamente al hotel, se vienen conmigo. Los presento como viejos amigos. Yo soy el encargado de logística, veo todo lo que son equipos, reparaciones, vehículos, ese tipo de cosas. Por cierto, mi nombre es Nacho.
Al día siguiente partimos en una lancha que decía “termas de Puyuhuapi 7”. El mismo Nacho la manejaba. Llegamos en un par de horas. El hotel era de verdad espectacular: Estaba metido en un bosque al borde del mar, era bajo y casi se perdía con el entorno, el mar en el estrecho canal era calmado y una niebla se deslizaba sobre espejo del agua. Cuando el motor de la lancha se detuvo en el pequeño muelle, se volvió a escuchar el estruendo de los pájaros: chucaos, tiuques, bandurrias, lechuzas, gaviotas, cormoranes, etcétera. El hotel brillaba con un resplandor amarillento a madera y chimeneas, a penas se notaba circulación de gente en sus pasarelas colgantes. Era un paraíso tipo Travel and living.
El administrador era un tipo bastante joven, con un cuerpazo espectacular –kayaquista y maestro de yoga supe después- que nos recibió serio y un poco escéptico. Nos dijo que no necesitaba el curriculum escrito pero que le diéramos una noción de nuestros trabajos anteriores. Flavio infló su historial con cargos ejecutivos que dijo que lo habían saturado y que por eso se había largado del sistema, yo fui bastante honesta respecto a mi experiencia, salvo por un pequeño embeleco: tres años de administración pública en la Usach. Supuse que mi educación técnico profesional se vería medio escuálida al lado de los posgrados y viajes al extranjero de Alberto. Abel, el administrador, nos creyó y me dejó a mí en la recepción y a él en el bar mientras lo capacitaban para guía aprovechando su inglés y el portugués que aprendió un semestre que viajó por Brasil.
Ahí pasamos tranquilamente casi tres meses. Los orientales que llegaban a alojarse eran pocos y por lo general venían de alguna agencia y sabíamos de ellos más de lo que ellos jamás llegarían a saber de nosotros. Además me había cortado el pelo y Flavio se había dejado barba por lo que era difícil reconocernos. Para todo el mundo éramos Mariela y Alberto. Yo dormía con el personal femenino y Flavio con los hombres. Nos veíamos para las comidas y a veces en las tardes, en un living para el staff, con chimenea y biblioteca. No conversábamos mucho, tenía que parecer que nos conocíamos de toda la vida. Aunque estábamos tranquilos no nos podíamos relajar.
Al poco tiempo, los días empezaron a hacerse más cortos y lluviosos. Algunos árboles amarillaron y la mitad del personal abandonó sus trabajos de temporada para volver a los estudios. Los turistas seguían llegando al spa pero las actividades eran más relajadas y la vida se volvió calma pese a las ocasionales tormentas y vendavales. Yo seguía detrás del escritorio de la recepción, organizando reservas, recibiendo a los recién llegados y cobrando las abultadas cuentas. La mayoría de los pasajeros eran amables, snob pero amables, andaban además como volados por lo lindo del paisaje, la calma, los masajes y el abundante vinou chilenou que se ponían entre pecho y espalda desde las 12 del día en adelante. De vez en cuando me topaba con alguna gringa operada que se desesperaba porque no tenía teléfono en la pieza o señal de wifi para su mini notebook o su blackberry, era imposible hacerlas entender que estaban en medio de la nada y había que tragarse un par de insultos murmurados mientras salían de la recepción batiendo enfurecidas sus potos de silicona odiando este país tercermundista al que sus esposos las habían mandado a enterrarse mientras ellos se tiraban a sus secretarias en sus oficinas de Londres o New York.
Una noche salimos a dar unas vueltas con Flavio, ya estábamos un poco aburridos de la rutina pero teníamos claro que era el mejor lugar para ocultarse un rato, discutíamos si era conveniente que saliéramos a Puerto Cisnes o al mismo Coyahique por un par de días ya que algunas cejas se empezaban a levantar ante nuestra negativa a tomarnos los días libres para ir a la civilización como lo hacía la mayoría del personal. Estábamos apoyados en la baranda de una pasarela mirando el mar apenas iluminado por las luces del hotel y el resplandor de la luna oculta detrás de la neblina. De pronto empezamos a escuchar un motor a lo lejos, venía hacia el hotel rápidamente. Todas las lanchas institucionales estaban amarradas al muelle y no era común que alguien navegara de noche, era peligroso.
Lo que menos esperábamos era ver aparecer el Zodiac de los friendship, pero ahí estaban, venían directo hacia nosotros con sus trajes grises, eran los mismos cuatro gringos que nos habían sacado de la isla de los Ruiz Álvarez. Nos quedamos helados mirándolos venir. Apagaron el motor varios metros antes de llegar donde nosotros y siguieron avanzando con el impulso de la inercia. Botaron una pequeña ancla justo a los pies de la pasarela y nos hablaron desde el bote.
- Hola chicos, tanto tiempo. –Ante nuestro anonadado silencio siguieron.
- Suponemos que ya les habrán contado miles de historias sobre nosotros. La mitad son mentiras. -¿Eso quería decir que la otra mitad eran ciertas?- Los estábamos buscando para advertirlos –El que hablaba era el de mentón cuadrado y aspecto de actor de cine.
- Los hongkoneses vienen hacia acá a buscarlos, han recorrido toda la región preguntando por ustedes y dieron con una pista: alguien que los reconoció dijo que estaban acá. Van a llegar en 30 horas, nosotros no podemos llevarlos con nosotros, pero búsquense un destino nuevo antes de que lleguen, este lugar ya no es seguro.
Flavio parecía relajado.
- ¿Cómo es que sabían dónde encontrarnos? ¿Cómo saben de los hongkoneses? ¿Cómo saben que van a llegar en 30 horas? –Las impenetrables sonrisas volvieron a sus caras.
- Una de las verdades que les dijeron es que somos telépatas, y cuando establecemos un vinculo con alguien, con ustedes por ejemplo, quedamos para siempre conectados con esa persona, monitoreando su bienestar a distancia, y si podemos hacer algo por ayudar a nuestros amigos, lo hacemos. De los hongkoneses sabemos desde que se subieron a nuestra lancha, el cuidado que pusieron en no mencionarlos hace un ruido tremendo a nivel telepático, es como que lo hubiesen estado gritando.
- ¿Por qué no nos pueden llevar con ustedes?
- Por una ley de equilibrio universal. Ya los salvamos una vez, corregimos una injusticia, ahora, solo podemos advertirlos, es su propia energía la que tiene que sacarlos de la línea de fuego. Tengan cuidado en quien confían. –Dijeron esto y echaron a andar su motor, se despidieron con un gesto de la mano y desaparecieron en la niebla.
Nosotros manteníamos la misma posición en la que nos encontraron: acodados sobre la baranda mirando el mar.
- ¡Conchesumadre! ¡Los chinos de nuevo! ¡Hijos de puta! ¡¿Cuándo mierda nos van a dejar tranquilos?! ¡Ya han recibido un montón de plata! ¡Y saben que van a seguir recibiendo más!
Nunca había visto a Flavio perder la compostura y ese buen humor que se me hacía tan pedante. Fue tanto que me puse un poco contenta, por primera vez me sentía en control de la situación.
- Asume, hueón. Si hace rato que me vienes repitiendo que nos vamos a tener que andar moviendo un par de años hasta que nos dejen en paz, si es que lo hacen. Lo divertido es que te llama más la atención que los chinos se nos acerquen a que hayan venido unos extraterrestres a avisarnos pa que arranquemos. –Me miró con la mandíbula apretada. Estaba de verdad furioso.
- Me gusta mucho vivir aquí. Hay de todo, gente de todos lados, el lugar es hermoso. ¡No me quiero ir!
- Quien sabe, po Flavio. Capaz que nos sigamos encontrando con destinos interesantes, incluso mejores que este. Anda haciéndote la idea, porque por lo menos yo, le creo a los extraterrestres nazis telépatas pachamámicos. –Su gesto de ira se volvió una carcajada, medio nerviosa pero carcajada al fin.
- Hablemos con Nacho en la mañana para que nos saque.
Cuando me levanté a tomar desayuno al día siguiente, Flavio ya había hablado con el che para que nos llevara a Melinka. Le había dicho que nos íbamos a tomar algunos días libres de los que teníamos acumulados, aprovechando que había poco público y además porque supuestamente era mi cumpleaños en un par de días. Cuando me senté a la mesa, el Nacho le estaba explicando que para eso había que salir muy temprano porque había que cruzar el canal Moraleda, que generalmente se levantaba hacia el mediodía, junto con la marea y el viento, así que si nos programábamos para el día siguiente el nos sacaba con gusto, además, dijo, aprovecharía de ir a buscar unos repuestos para una de las bombas de agua que estaba fallando y que ni el mecánico de Puerto Cisnes ni su maestro de Gaviota le habían podido arreglar.
- Así que vas a estar de cumpleaños Marielita. –Con una sonrisa traté de camuflar la sorpresa ante la mentira recién estrenada- y ¿cuántos cumples bonita?
- 25 –dije, me pareció que nada sería más creíble que la verdad.
- A pero que bien, che. Mañana me los llevo a Melinka para que aprovechen de celebrar. ¿Y no te llevás a ningún chico guapo para que te acompañe?
- Si quiero un chico guapo solo necesito chasquear los dedos ¿ya?
De ahí la conversación se fue hacia lo malo que se ponía el canal, que mucha gente había quedado a la deriva, el Nacho aprovechó de explicarnos el sistema de seguridad del bote, que venía dentro de una bolsa flotadora que tenía una balsa, bengalas y comida.
- No quiero asustarlos, che, pero como es invierno y hasta Melinka son seis horas por el Moraleda, más vale que estén preparados y vayan abrigados.
Coordinamos la salida con el Abel que también me felicitó por mi cumpleaños falso y me regaló un vino carísimo que jamás había escuchado ni nombrar. Me dio la tarde libre para preparar mis cosas pero igual pasé por la recepción a revisar las reservas para ver si algún oriental había reservado.
- No seas trabajólica Mariela –me decía la Angie, otra de las recepcionistas.
- ¡Ya déjame o! No veís que estoy nerviosa por la navegación de mañana, el Nacho más lo que nos metió miedo, trabajar como que me tranquiliza. Yo ordeno las reservas.
- ¡Si te encanta! Haga lo que quiera, mi chica.
Y ahí estaba: Hans Chaug, había reservado hacía menos de 24 horas y llegaba en la mañana en avioneta hasta Puerto Cisnes y de ahí lo traía una de las lanchas de las termas. Su chekin estaba para las ocho de la mañana. Nosotros partiríamos antes. Lo acompañaban otros tres tipos que no me sonaban para nada, podrían haber sido los gorilones de Santiago o el tipo que nos topamos en Coyahique.
Esa noche le comenté a Flavio que la advertencia de los frienship era de verdad, de cierto como decía la Angie.
A las seis de la mañana estábamos en el muelle con todo nuestro equipaje. El Nacho traía un cooler con “algunas provisiones”: seguramente algún copete y sándwiches, y venía entero forrado en parkas y perneras.
- Bueno che, a aprovechar que el mar está echado. ¡Vámonos!
La navegación empezó tranquila por los estrechos canales al norte de la isla Magdalena, hasta que salimos al Moraleda, ahí ya la cosa se movía un poco más fuerte, la lancha iba cortando olas y el viento no dejaba escuchar las conversaciones. Hacia las ocho de la mañana ya había terminado de amanecer, el cielo estaba completamente despejado y azulino, casi no corría viento y hacía un frío de la puta madre. Algunas nubes bajas de la noche aun estaban enredadas a los árboles en las caras oeste de las islas. Nacho sacó una botella de fernet y otra de cocacola junto con unos panes con loco y mayonesa que le había mandado la ayudante de cocina que se comía.
- Para que celebremos tu cumpleaños nenita, yo casi no me acuerdo de mis 25, creo que fue mi último año en la facu. Puro carrete, como dicen ustedes, por eso no me recibí ¿saben?
Como a las 10 de la mañana la radio, que estaba en la frecuencia del hotel, comenzó a chicharrear.
- Puyuhuapi 7, Puyuhuapi 7, aquí central.
- Aquí Puyuhuapi 7, adelante central.
- Nacho tengo entendido que llevas a Mariela y Alberto Movillo contigo, ¿es correcto? Cambio.
- Afirmativo. Cambio.
- Unos pasajeros están consultando por ellos, dicen que habían quedado de juntarse con ellos aquí. Cambio
- Cual sería la identidad de los pasajeros. Cambio.
- Hans Chaug. Charlie, Hotel, Alfa, Uniform, Golf. Cambio.
Nacho nos miró con cara de pregunta.
- Los pasajeros quieren saber tu QTH. Cambio.
Con Flavio negábamos con las manos, la cabeza, le pedimos que no dijéra para donde íbamos.
- Estamos cruzando el Moraleda, nos dirigimos a Melinka. Infórmeles a los pasajeros que los Movillo están de franco. Cambio
- Alfa Sierra.
Pasaron unos eternos 5 minutos en que Nacho nos daba la espalda conduciendo la lancha entre las cada vez más encrespadas olas del canal Moraleda, mientras el viento comenzaba a arremolinarse al interior de la cubierta y el cielo se cubría de un gris lavaza.
- Puyuhuapi 7, aquí central.
- Aquí puyuhuapi 7, adelante central.
- Los pasajeros acaban de zarpar en la Puyuhuapi 4, van a su encuentro, para que los Movillo esperen al señor Chaug tan pronto recalen en Melinka. Cambio.
- ¿Quién conduce la Puyuhuapi 4? Cambio.
- Bartolo. Cambio.
- Copiado. Quedamos QAP.
- Llévanos a otro lado Nacho por favor, no podemos encontrarnos con esos chinos, es de vida o muerte, llévanos pa cualquier otro lado, déjanos tirados por ahí si querís pero no nos lleves a Melinka, por favor. ¡Nos están persiguiendo y ahora saben donde encontrarnos!
Sin soltar el timón el Nacho se dio media vuelta.
- Es que el señor Chaug quiere verlos, y no me va a pasar el resto de la guita si no se los entrego.
Vi su cara de burla y bajé la mirada: en la mano sostenía una pistola que nos apuntaba directamente.
- Alberto ¿O debo decir Flavio? Amarrá a tu mina y tomá el timón.
Continuará…

21 Diciembre, 2009
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1 Comentario en "El mar está echado"
excelente relato,los tube que leer todos de corrido ajja …
primera vez que visito esta pagina, un saludo y espero que me digan cada cuanto aparecen las nuevas publicaciones…
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