El primer capítulo de “Perseguida o cómo perdí mi apacible vida

por Malva Chacana

fotografía de Danny Alveal

Esta insólita aventura comenzó un miércoles hace dos semanas atrás.
Llegué a mi departamento de un ambiente ubicado en el piso 25 de uno de estos edificios nuevos del centro de Santiago, venía del gimnasio así que no debe haber sido más tarde que las 8 y media de la noche. Le di de comer al gato y mientras me duchaba dejé el computador encendiendo y el microondas descongelando un trozo de lasaña Maggi.
Comía frente a la pantalla mientras revisaba mi facebook, conectaba el chat y revisaba mis distintos mails (tengo un hotmail, un gmail y un yahoo, además de flickr, fotolog y twiter).
De tiempo en tiempo llegan, a una de estas casillas, correos dirigidos a Flavio Rocher, su correo es f.rocher@… y el mio frocher@… por Fernanda Rocher. Al principio me daba un cierto placer voyeurista leer su correo y responder al remitente corrigiendo su error. Generalmente eran correos de sus compañeros de universidad avisándole de fechas de pruebas y asados. Así fue como averigüé que Flavio estudiaba Ingeniería en la Universidad de Chile y que le iba bastante bien, también supe que tenía auto porque en más de alguna ocasión los mensajes remataban con un “¿me pasas a buscar?”.Cuando se trataba de misivas románticas gozaba un poco imaginando la turbación de la susodicha al recibir mi respuesta y darse cuenta de que había expuesto sus sentimientos y fantasías a una desconocida. Con el tiempo me aburrí de este pasatiempo, dejé de corregir a los despistados y me limitaba a borrar los correos dirigidos a Flavio, de quien por cierto no soy pariente y jamás he conocido en mi vida.
No sé que me poseyó ese miércoles en que, reviviendo ese juego abandonado, abrí uno de estos correos y me encontré con este misterioso mensaje:

“Estimado Flavio Rocher
Tengo la osadía de contactarlo respecto a ciertos fondos que el general Jalal Abed Hdaya al Duri, un pariente suyo que quizás no conozca, guardaba en nuestro banco. Le informo que son 16 millones 850 mil dólares americanos, fueron depositados por el general hace siete años, antes de que estallara la guerra en Irak. El general al Duri, sentado en mi oficina en ese tiempo, comentó que nadie sabría de este dinero y que sumaría más para ir incrementando su patrimonio. Esto nunca se cumplió ya que una vez en la guerra perdí contacto con él. Hace algunos meses me llegó el información de que el general Jalal Abed Hdaya al Duri fue preso y murió en custodia de estadounidenses y que toda su familia había muerto cuando iniciada la guerra por una bomba que tristemente alcanzó su casa. Debido a personal y secreto de la cuenta del general, después de muerto, solo un pariente cercano podría hacer retiro de estos dineros, pero como no queda nadie de su descendencia, me he puesto en contacto con usted ya que su abuela es tía directa del general al Duri lo que la haría la prioridad para reclamar dinero, solo si, tras la investigación que yo dirijo, determino que es el pariente más cercana. Por lo tanto Flavio, quiero proponerle un oscuro negocio: detengo mi búsqueda de otros parientes más cercanos al general y usted logra que su abuela firme unos documentos que le haré llegar y nos distribuimos los 16.850 millones de dólares en un porcentaje de 40% para usted y 60% para mi.
Confío en que sea muy discreto con esta propuesta
Espero su respuesta,
suyo,
Mr. George Hui Tsai
Hui Bancking Corporation
Hongkong”

Leyendo y releyendo se me enfrió la lasaña y se le fue el gas a mi Coca Zero.
Poseída por la misma tontera que me hizo leer ese mail, tuve la mala y ya casi mecánica idea de responder al señor Hui Tsai corrigiendo su error.
Por primera vez contacté al dichoso Flavio, le reenvié el correo de Hogkong con una serie de signos de exclamación, como pidiendo explicaciones por el turbio asunto del que me acababa de enterar.
Al día siguiente revisé mi correo esperando encontrar alguna respuesta, pero no había nada por lo que supuse que habían entrado en contacto directo.
Terminé la semana llevando a cabo mi rutina habitual: desde las 6:30 AM hasta las 3:30 PM encerrada en mi cabina del call center derivando quejas y distrayendo preguntones que no se explican las malas prestaciones de la compañía de gas que contrata a mi empresa de telefonistas mercenarias para esquivarlos.
Después hago un poco de shopping y trámites, o tomo el metro hasta Puente Alto para ir a ver mi mamá o a mi hermana. A las 7 de la tarde estoy en el gimnasio en clases de aeróbica y después llego a mi casa a comer algo y chatear con tipos que conozco en www.datingchile.cl mientras la tele encendida hace ruido. A las diez u once de la noche me vence el sueño y me acuesto.
Ese viernes, después del trabajo, me junté con algunas de las chiquillas del call center en un happy hour para tomarnos unas caipiroskas en un bar de providencia. Nos gusta probar un local nuevo cada viernes, la Soledad Arrieta es la que nos organiza: desde las 10 de la mañana empieza a planear cual será nuestro destino esa tarde y si invitaremos a alguno de los escasos compañeros para que nos haga compañía. Ese viernes fuimos las 7 de siempre y nadie más. Nos pedimos unas tablas de queso y descueramos entre carcajadas al último ex pololo de la Jazmina, un vendedor de seguros amarillento y engominado que, como nos enteramos ese día, le pedía que le metiera “el dedito en el jujuy” para que se le parara, cosa que a la Jaz, con sus enormes uñas cuadradas, le daba un asco terrible.
A las 10 de la noche ya me caía de sueño así que me fui en metro a mi departamento. Cuando abrí la puerta me encontré con un sobre que habían pasado debajo de la puerta, no tenía nombres ni direcciones y estaba cerrado. Imaginé que debía ser de la administración ya que sino ¿cómo habría sabido el conserje a quien estaba dirigido?
Era una carta escrita en un computador con el siguiente mensaje:

“Señorita Rocher
Hace algunos días usted recibió una misiva que no estaba dirigida a usted y tuvo la mala idea de leerla, esperamos, por su propio bien, por el de su madre y hermana en Puente Alto y por el de las amigas con las que acaba de compartir esas caipiroskas que no le cuente a nadie lo que sabe.”

No había firma en el mensaje.
Cualquier indicio de borrachera se disipó inmediatamente y me puse a temblar. Llamé al conserje por citófono y le pregunté que quién había subido a mi piso, que me había llegado una carta extraña sin firma, me dijo que su turno recién había comenzado y que en los registros no había ningún mensajero que subiera durante la tarde.
Tiritando tomé la guía de teléfonos y busqué mi propio apellido: Ahí estaban mis tíos y abuelos y mucha gente que no reconocía. A todos ellos los llamé tratando de ubicar a Flavio, que – al igual que yo – no figuraba con su nombre en la guía, las respuestas eran negativas hasta que una mujer me dijo:

- ¿Para que necesitas a mi hijo?
- Soy una ex compañera de ingeniería, yo me retiré pero los ando ubicando para invitarlos a mi matrimonio.
- Llámalo a su departamento. Se acaba de cambiar pero ya tiene teléfono – y me dio el número
De pronto se me ocurrió que alguien podía estar oculto en mi minúscula casa: revisé la terraza, el baño, tras las puertas, corrí la cortina de la ducha y encendí la luz de la pequeña logia, puse el sillón mas pesado frente a la puerta y colgué un móvil sonoro de la manilla, con eso me quedé mas tranquila y me serené para llamar a Flavio. Marqué, escuché el tono cinco veces, ya iba a colgar cuando una voz juvenil contestó:
- ¿Flavio?
- Si, ¿quien es?
- Soy Fernanda Rocher – se hizo un silencio del otro lado, oí como dejaba algún objeto que tenía en las manos y apagaba la radio o la televisión.
- ¿Qué quieres? – dijo lentamente
- Tus correos llegan a mi casilla, necesito juntarme contigo, el teléfono no es seguro.

continuará…

Todos los capítulos de “Perseguida

1. Un mail inconveniente

2. El Pije

3. La Huída

4. A la Deriva

5. Laguna Azul

6. Al Natural

7. Friendship

8. Alejandrina

9. El mar está echado

10. Atada

11. 2 millones de dólares