La pintura se pone espesa espesa en las noches. Los rincones callejeros esconden secretos, horrores y psicosis en el segundo capítulo de “Toy Killah“
Historia y fotos por Bronce Romano
Micro: Mago SBT
Aunque Claudia se acostó con calcetines, el frío le arrebató el sueño. Tenía ganas de orinar pero con solo pensar en el tortuoso trayecto hacia el baño juntó fuerzas para aguantar unos minutos más. Se acurrucó hacia el lado derecho de la cama buscando el calor del cuerpo amado pero solo descubrió regiones glaciares.
- ¿Amor? ¿Javier? ¿Estás ahí?
Buscó en las penumbras el interruptor de la lámpara de velador. Se sentó en el borde de la cama intentando abrir los ojos, y un escalofrío recorrió toda su espalda haciéndola estremecer. Se cubrió con una de las frazadas.
Caminó por el pasillo de parqué. La luz del estudio estaba encendida, se dirigió hacia ella. Pudo ver las cosas de su novio en el suelo en un gran desorden. Ese era el lugar en que todo acontecía, el cuarto de las anestesias exóticas, la ventana al mundo, el recinto de lo sagrado y de la necesaria introspección creativa. “Mi cueva” le llamaba él.
- ¡Oh Javier, eres un desastre! uno de estos días me voy a aburrir, te voy a abandonar, ya lo verás. Solo ahí te darás cuenta de todo.
En el tablero de trabajo estaban pegados con Masking tape sus últimos diseños. El motor del aerógrafo aun estaba encendido.
Claudia se acercó para observar el detalle de uno de los dibujos. Ciertas posturas, ciertos rasgos y colores le evocaron sensaciones ya vividas. No lograba recordar dónde había visto esa escena, pero no le gustaba nada. No parecían los trazos de Javier, era otro estilo, de otro pintor. Sintió un leve crujido bajo uno de sus pies y algo líquido y viscoso. Había pisado una cucaracha.
- ¡Mierda! ¡Qué asco!
Se fue corriendo al baño. Ya no aguantaba las ganas de orinar.
Esa noche me tocaba trabajar pero estaba un poco flojo, La Escena estaba casi vacía y me aburría a más no poder. Fue antes del incidente que destruyó todo y que lo mandó todo a la chucha. Si hubiera sabido lo poco que iba a durar toda esa exquisita bohemia lo habría disfrutado a concho.
Shinto apareció en el salón con su case de vinillos, venía de la mano con una joven y esbelta rubia de facciones aristocráticas, como a él le gustan. Imaginé que se trataba de “Camila”, una niña que me había descrito como un “bombón lituano”. La verdad es que estaba bien rica, pero personalmente las prefiero con labios gruesos, caderas anchas, buen poto y tetonas. Es que soy rapero.
Se acercó a la barra y me saludó, les serví unos jugos naturales. Debe haber notado mi cara de tedio.
- Tranquilo Bronce, los miércoles esto funciona como after. Los mutantes empiezan a llegar como a las 4 y media o 5, vienen siguiendo las migas de pan después que los echan de los otros bares.
Mi amigo tenía mucho circo y conocía a la perfección los hábitos de los consumidores nocturnos en Santiago. Efectivamente a las 5 de la mañana La Escena era una verdadera Torre de Babel. El miércoles, al parecer, era el día de la tolerancia y la diversidad o alguna mierda por el estilo pues no solo llegaorn escritores de graffiti y pintores sino todo tipo de gente. Los convocaba la pasión por beber y el rechazo a dar por terminada la fiesta.
En unas mesas de atrás había unos flaytes reggetoneros agarrándose a combos. En otra mesa había un viejo zorro, ex FPMR que yo conocía. Según me contó, estaba tomando con dos tipos que recién había conocido: un lolo de las juventudes UDI y un viejo turbio que había sido milico acuartelado en el sur cuando Chile casi se agarra con Argentina.
- Tiene toda la pinta de haber sido torturador -me susurró en la oreja cuando vino a pagar sus tragos.
En la barra a mi lado había una pareja gay dándose calugazos sin ningún pudor. Y bien, como yo no tenía mucha noche encima no dejaba de ser impactante ver una escena de ese tipo y menos con tipos de unos 40 o 45 años. Para los tórtolos no existía nadie más alrededor en ese momento.
En eso entró “El Huevo” , un viejito chicha que cuidaba los autos afuera en la calle y que rescataba unas cañitas de vino entre los comensales a cambio de ir a comprar cigarros a la bomba de la esquina.
De pronto, entre la multitud, vi como dos tipos se esforzaban por avanzar y llegar hasta la barra. Se abrían paso a duras penas a codazos y “con permiso”. Los reconocí cuando ya estaban cerca (soy un poco piti). Eran mis compañeros de crew, los graffiteros Hipso y Pintó. Ellos dos formaban ZPC grupo al que me había integrado hace algunos meses, no pintando, sino desde la literatura. Éramos como un piño rapero multidisciplinarlo por decirlo de alguna manera. Ellos intervenían los muros y yo inventaba ficciones en las cuales éramos personajes. Nos saludamos efusivamente y después de abrazarlos me di cuenta que mi polera blanca se había teñido de pintura.
- Sorry men –dijo Hipso– Es que venimos de pintar, estuvimos toda la tarde dándole a una fábrica abandonada en Los Héroes, terminamos hace poco.
- Si, estuvo bacán hermano –Siguió Pintó– Podrías haber ido a sacar unas fotos, te lo perdiste. Pintamos con unos tipos brasileños, el “Burdo” y el “Abacaxí”.
- Y también estaba un loco extraño, un poco cuático. Yo creo que era medio autista, no interactuaba mientras dibujaba. Lo invitamos a fumarse unos caños y ni nos pescó. Hizo lo suyo, mezcló colores, hizo el fondo, trazó, pintó, delineó los bordes, le agregó detalles, brillos, agarró sus materiales y se largó. Fue como si no hubiera estado con nosotros.
- ¿Y qué tipos de dibujos hace? -Pregunté.
- Mira aquí tengo unas fotos que saqué –Hipso buscó su teléfono celular y me mostró imágenes de lo que había sucedido esa tarde. De inmediato reconocí el crudo trazo de látex blanco sobre el muro corrompido por la ciudad y el paso del tiempo.
- ¡Pero yo conozco a quien hace esos personajes! Estuvo acá hace unas noches, estaba muy borracho y terminó peleando con un graffitero. ¿No es Nod? ¿El pintor de moda que salió en la portada de la revista Diamante?
- No hueón, este era un vago, o más bien tenía pinta de vago. Treintón, pelado al rape, barbón, muy descuidado y sucio, olía a meado. Pero no parecía que viviera en la calle porque usaba accesorios muy exclusivos, como el reloj y unos zapatos de cuero que parecían bien costosos. Más bien podría haber sido un excéntrico de estos que la pican a lobo estepario.
- ¿Y cómo llegó a pintar con ustedes? ¿Cómo lo conocieron?
- Los brasileños le posteraron en el flickr y lo dejaron invitado pero tampoco lo conocían en persona.
Se dio ocho mil vueltas en la cama intentando detener el movimiento caótico de los pensamientos, pero
finamente se rindió ante el peso del insomnio.
Claudia entró en la cocina, prendió la luz, llenó de agua el hervidor eléctrico y escuchó atenta la evolución sonora del proceso.
Sirvió en su tasa con dibujos de gato, el agua caliente y vertió en ella una cucharadita de café. Se detuvo ociosamente (como prolongando la fórmula) observando las nubes de color que giraban tiñendo la transparencia líquida.
Iba a encender un cigarrillo cuando de pronto un ruido la sobresaltó. Se quemó la punta de la nariz con el susto. Venía desde la entrada del departamento. Alguien o algo, entró haciendo mucho ruido y tropezó con un mueble con espejo que se ubicaba junto a la puerta.
Claudia pensó en tomar un cuchillo o algo contundente pero no lo logró. Permaneció quieta esperando a ver que forma incierta aparecería en el pórtico. Pensó muchas cosas en tan solo segundos. Imaginó violaciones, luchas, forcejeos, gritos, en los vecinos, en cuanto se tardaría el 133 en darle ayuda, en Javier, en lo mucho que lo amaba y en lo mucho que necesitaba abandonarlo. Pensó el lo tortuosa que se estaba volviendo esa relación. Eso y otras cosas pensaba cuando apareció Javier, completamente borracho, sucio y manchado con pintura. Entonces todas las dudas desaparecieron, se aclararon los juicios y solo permaneció el odio. Intentando controlar su impulsividad, no dijo nada, pasó a un lado de Javier y contuvo la respiración para no oler el hedor del alcohol. Una vez que bajó la adrenalina también desapareció la ansiedad.
- Mañana despertaras y ya no estaré aquí imbécil -Pensó Claudia y se durmió al instante.
continuará…

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