La vida de Bronce está muy movida desde que entró a trabajar al bar clandestino La Escena. A los grafiteros muertos en el metro ahora se suma la desaparición de un amigo. Un paso más en el espiral que absorve la vida de este artista en el 4° capítulo de “Toy Killah“
por Bronce Romano
graffiti: peta y recs
Entré al salón y dejé mis cosas tras la barra a un costado de la caja registradora. – ¿Dónde está?- le pregunté a Shinto y con un movimiento de cuello me indicó la escalera que llevaba al segundo piso donde tenía su oficina-taller el dueño del local. Allí era donde administraba las finanzas y donde tenían lugar las “fiestas privadas” para los amigos más íntimos. Pero para efectos prácticos la habitación también se utilizaba como sala de recepción.
No sabía que esperar, solo pedía que esa visita no me significara algún problema.
Vi a Gino (el dueño) sentado en su escritorio, sostenía un cigarrillo en su mano derecha y con la otra manejaba la lista de música en su computador. Me miró de re ojo y luego siguió con lo suyo como si no le importara. En el otro extremo del cuarto en un sillón de cuero negro estaba sentado un joven, más bien un niño de unos quince o dieciséis años. No lo conocía pero algo en él me parecía familiar, sus pómulos pronunciados, sus ojos pequeños, su nariz aguileña. Se levantó apresuradamente a darme la mano, torpemente pasó a llevar la tasa de té que se encontraba a sus pies y derramó su contenido en la alfombra. En ese momento supuse quien podría ser pero no me dio tiempo para adivinar, el mismo se presentó
– Hola me llamo Daniel, vine hasta acá para ver si me podías ayudar. Soy el hermano menor de Cristian, el “Abad”. -Miré a Gino como pidiendo disculpas por el error del chico pero el estaba ocupado con la pantalla.
– Vamos abajo mejor, ahí me cuentas con calma – dije. En ese momento Gino lanzó su advertencia.
– Tus problemas personales revuélvelos afuera Bronce, no quiero ataos con la ley ahora que ya estoy por sacar la patente de alcoholes para La Escena.
Cristian Morales, el “Abad”, era un gran amigo mío, compañero de carrera. Era un muy buen graffitero y de hecho fue él quien me había introducido en ese mundo, me mostraba revistas, videos, sus bocetos de rostros y letras en la croquera. Se retiró en el segundo año por problemas económicos y luego comenzó a moverse con trabajos esporádicos en lo mejor que sabía hacer: pintar. Era maestro del realismo, el cubismo y las formas tridimensionales pues admiraba a Daim. Le encargaban que ambientara discotecas, tiendas de ropa, galerías, hasta la fachada de una carnicería pintó una vez cerca de su casa en el Barrio Franklin. A veces lo acompañaba para sacar fotos al proceso de sus obras en el muro.
Daniel y yo caminamos en silencio. Llegamos hasta la Plaza Brasil y nos sentamos junto a los juegos. Encendí un cigarrillo y le ofrecí otro a el.
– Bronce, en la casa estamos muy preocupados, el Cristian no llega hace días, tiene su celular apagado y no da señales de vida, en el barrio nadie lo ha visto y con mi mamá no sabemos que hacer.
– ¿Dieron aviso a los pacos?
– No, no todavía.
– ¡Bueno! ¿Entonces? ¿Qué están esperando?
– Pucha por eso vine pacá po. Puede que el Cristian se haya metido en algo feo y por eso no aparece. En una de esas está fondeado o herido.
– ¿Cómo? ¿Qué cagada se mandó?
– Él no se mandó ninguna cagada. Pero estoy casi seguro de que el jueves pasado andaba con los cabros que murieron en el metro.
– ¿Y qué te hace pensar eso?
– Yo lo iba a acompañar esa noche, se suponía que iríamos a pintar unas letras en Panamericana. Mi hermano me iba a enseñar a usar la lata pero antes de salir me dijo que mejor lo dejáramos para otra ocasión porque los planes habían cambiado a última hora. En vez de solo pintar en la calle, el y unos amigos iban a hacer algo un poco más peligroso, más arriesgado.
– Me dejas muy preocupado porque si el Cristian estuviera bien ¿No debería haber llamado al menos a su vieja?
– Es que si realmente estuvo involucrado en lo que le pasó a los cabros debe andar perseguido, debe estar imaginando que la yuta lo busca o algo parecido.
– Men, ¿Y qué quieres que haga? ¿Cómo te puedo ayudar?
– Pregúntale a tus conocidos, en la calle, a la gente que viene al bar. Averigua lo que puedas por favor. Te dejo mi número por cualquier cosa.
La periferia o la condición marginal (ya sea social o ideológica) suele ser la región en la cual se incuban las semillas del futuro, de las vanguardias venideras. Desde ahí soplan los vientos refrescantes que destierran la podredumbre y el estancamiento en el centro neurálgico y dogmático. Es el eterno ciclo de renovación mediante el cual “lo nuevo” triunfa por sobre lo “tradicional” u “oficialmente establecido”. Es lo que sucedía ahora con el arte callejero y el graffiti. 20 años tuvieron que pasar para que dejara de ser considerado solo una clase particular de vandalismo. Primero fueron las marcas de productos deportivos. Ellas fueron las primeras en percatarse de la fuerza estética que contenía este fenómeno y que podía explotarse con fines publicitarios para así llegar a nuevos grupos de consumidores. Luego fue la escena del “arte contemporáneo” quien abrió un espacio a los pintores de la calle al reconocer en ellos una nueva fuente de inspiración, más lúcida, indómita, irreverente y ligada al mundo real, a la contingencia y a la juventud. Lejos de los discursos ochentenos, los pseudo socialismos, los ministros de la cultura, los mismos de siempre, los cócteles y los martinis secos.
Finalmente algunos lograron saltar de la muralla a la galería, conectando y generando un diálogo entre ambas instancias de la creación. Pero como suele suceder, las revoluciones que se gestan en el pueblo llano (en este caso las poblaciones de Santiago) serán comandadas por un burgués con aspiraciones de dudosa índole. Ese era el caso de Nod, el artista joven chileno más exitoso y renombrado del momento quien próximamente inauguraría una exposición en el Museo Nacional, todo un hito en la escena del muralismo y el graffiti en general.
Para hablar de eso y otras cosas relevantes Josefina Fleischmann, la conductora del programa “El perseguidor” (que se transmite en un canal de televisión por cable), había invitado esa noche a Maximiliano Edwards tambien conocido como Nod al capítulo de estreno en su tercera temporada al aire. Ambos, periodista y entrevistado, ya se encontraban apostados en sus asientos asignados en el estudio. Mientras un asistente ajustaba un pequeño micrófono en la camisa de Nod, Josefina aprovechaba para repasar brevemente la secuencia de preguntas y tópicos a tocar en la conversación. Todo estaba listo, en pocos segundos comenzaría la transmisión. Mirando fijamente a la cámara Nod imaginaba la mejor manera de formular sus respuestas y de exponer su discurso. Era conciente de estar marcando un precedente. Una sonrisa surgió en su rostro como si recordara una antigua broma, después de todo estaba disfrutando la embriaguez del éxito y la fama.
Le dije a Gino que no podría trabajar esa noche porque debía atender una emergencia. La verdad es que no esperé a que me autorizara para salir, tomé mi chaqueta y me largué. Si me hubieran despedido me habría dado lo mismo. Siempre fui impulsivo. En ocasiones eso me había traído problemas, pero en otras me había dado la razón. En Ghost Dog (La película de Jarmmusch) se dice que “las cosas más importantes deben ser resueltas rápidamente y sin pensar”.
Intenté concentrarme y caminé hasta llegar a la Alameda. Me compré unas sopaipillas de gamba y seguí caminando en dirección a República. – ¿A dónde iba primero?- ese era el dilema. Decidí que visitar la casa ocupa de Avenida España 505 era la mejor opción para comenzar. Aquella enorme casa (que anteriormente había pertenecido a un embajador) funcionaba como centro cultural abierto para múltiples disciplinas como la danza, teatro, trapecio, yoga, pintura, talleres para bandas de rock y hip-hop emergentes y otras yerbas. Allí tenían su taller un grupo de muralistas y graffiteros que compartían un ideal político y por eso la casa se había convertido en un punto de encuentro y un centro de operaciones para los que formaban parte del movimiento organizado de activismo. Abad solía ser parte de esas filas. Supuse que algo debían saber de su paradero los compañeros y amigos que ahí vivían.
Pero si sabían o no sabían ya no importaba esa noche. Frente a la casa habían estacionadas dos patrullas, dos motos y un retén móvil. Crucé a la vereda de enfrente y desde allí vi que la ocupa parecía desabitada. La entrada principal estaba custodiada por dos pacos y desde adentro salían otros cuantos con cajas en las manos que las guardaban en las patrullas.
¿Qué estaba pasando? ¿Qué relación había entre la muerte de los graffiteros en el metro, la desaparición del Abad y el desalojo de la casa ocupa?
Algo me decía que no debía meterme en donde no me habían llamado. Pero de una cosa no me podía desentender: el Abad era mi amigo y tenía que encontrarlo o al menos su cuerpo. Ya no podía volver al bar así que tendría que esperar hasta el siguiente día para poder hacer algunas preguntas. Lo mejor era volver a casa, hacer unas llamadas y preguntar en el Messenger. – ¡La Claudia! – Por un momento olvidé que mi ex ahora dormía en la pieza de al lado. Estaba todo muy movido, mucho más de lo que me habría gustado.
Ya no recordaba en donde había estacionado su auto. Disparó el rayo invisible del llavero y escuchó que un dispositivo se desactivaba en algún lugar cerca de la fila E. Le costaba caminar, casi no podía mantenerse en pie, estaba completamente ebrio. De alguna manera se las arregló para acomodarse en el asiento, frente al volante recobró un poco el equilibrio y el sentido de la orientación. Poco le duraron. Justo cuando iba a cerrar la puerta, los nudillos de una pesada mano chocaron violentamente contra su quijada y toda su cabeza fue a rebotar contra el vidrio de la ventana. Cuando Nod despertó no sabía en donde estaba, no podía distinguir ningún objeto. Estaba muy oscuro. No pudo gritar para pedir auxilio pues un terrible dolor en el rostro se lo impedía. Ni siquiera podía levantarse. Lo habían atado de pies y manos.
continuará…

21 Diciembre, 2009
7 Diciembre, 2009
5 Diciembre, 2009
11 Noviembre, 2009

2 Comentarios en "Todo movido"
weno weno!
Ahh!! porfavor continúala xD ya me metí en la historia :B No te demores mucho, quiero ver que sigue después! xD
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